Joe Biden hace un llamado urgente a la unidad de EEUU y rechaza dividir a conservadores y demócratas




  • WASHINGTON —  Como acostumbran hacer los líderes recién investidos, el presidente Joe Biden inició su mandato con un llamado ritual a la unidad de Estados Unidos.
    Pero de pie en las mismas escaleras del Capitolio donde hace apenas dos semanas unos asaltantes pusieron en jaque a la democracia estadounidense, las palabras de Biden parecían menos una floritura retórica y más un pedido urgente para estabilizar un país aquejado por una pandemia descontrolada, incertidumbre económica, tensiones raciales y una creciente división entre la verdad y la mentira.
    “Debemos poner fin a esta guerra incivilizada”, declaró Biden poco después de asumir como el 46to presidente del país.
    Reparar la golpeada nación es uno de los mayores retos que enfrenta un presidente estadounidense. La pandemia del coronavirus ha matado a más de 400.000 ciudadanos y sigue avanzando sin control. La economía sigue destruyendo puestos de trabajo y el paro afecta especialmente a mujeres y minorías.

    Y la insurrección en el Capitolio dejó claro el alcance de los riesgos que suponen las profundas divisiones políticas del país y la aceptación de las conspiraciones y mentiras por parte de muchos seguidores del predecesor de Biden, el expresidente Donald Trump.

    “Poca gente en la historia de nuestra nación ha tenido más desafíos o un momento más desafiante o difícil que el momento en el que nos encontramos ahora”, afirmó Biden.
    De hecho, Biden, de 78 años, inicia su presidencia en el momento más sombrío que muchos estadounidenses recuerdan, y su juramentación reflejó esa realidad.

    No había una multitud vitoreándolo en al National Mall cuando asumió el cargo como consecuencia de la pandemia, pero sí había 25.000 efectivos de la Guardia Nacional para custodiar las calles de Washington en respuesta al ataque al Capitolio. Los funcionarios que acudieron al acto llevaban mascarilla y se sentaron respetando la distancia de seguridad.

    Trump no estuvo presente en el final de su mandato y, desafiando la tradición, se marchó de Washington el miércoles por la mañana.

    Los historiadores han puesto los desafíos que enfrenta Biden a la par, o incluso por encima, de los que se encontró Abraham Lincoln cuando llegó a la Casa Blanca en 1861 para liderar a una nación dividida por una guerra civil, o a los de Franklin Delano Roosevelt, tras la Gran Depresión en 1933.

    Pero las presidencias de Lincoln y Roosevelt son también una hoja de ruta de las formas en las que los líderes estadounidenses han convertido las crisis en oportunidades, guiando a la gente más allá de las divisiones partidistas o las fuerzas ideológicas que pueden detener el progreso.

    “Las crisis presentan oportunidades únicas para cambios a gran escala de una forma que un momento promedio podría no hacer”, señaló Lindsay Chervinsky, historiadora presidencial y autora del libro “The Cabinet: George Washington and the Creation of an American Institution”. “Cuanto más intensa es la crisis, más probable será que el país se una detrás de alguien para tratar de arreglarla: es el concepto de unidad en la guerra o de unión contra una amenaza común”.
    Pero en algunos aspectos Roosevelt y Lincoln tenían ventajas que Biden no tiene. El Partido Demócrata de Roosevelt contaba con sólidas mayorías en el Congreso que le ayudaron a impulsar su amplia agenda. Las mayorías republicanas de Lincoln se sumaron al impulso secesionista que mermó las filas de sus rivales en el Capitolio.

    Biden, por su parte, tendrá la más estrecha de las mayorías demócratas en el Congreso, con un Senado dividido al 50% que dependerá de la vicepresidenta, Kamala Harris, para decantar cualquier empate. El Partido Republicano enfrenta su propia crisis existencial tras la era Trump, y hay una gran incertidumbre sobre el nivel de cooperación con el mandatario demócrata que contemplan los planes de sus líderes para el futuro.

    Aún así, Biden ha señalado que presionará al Congreso en sus primeras semanas de mandato, desafiando a los legisladores a aprobar un paquete de ayudas de 1,9 billones de dólares para abordar la crisis económica y de salud pública, todo un reto a los republicanos para bloquearlo en un momento en que los contagios y los decesos a causa del coronavirus se han disparado en el país.
    La capacidad de Biden para sacar adelante esa legislación marcará significativamente la capacidad de su gobierno para abordar la pandemia y su posición en Washington.

    Ha apostado gran parte de sus promesas presidenciales a su capacidad para cortejar a legisladores de todo el espectro político, promocionando su larga relación de trabajo con senadores republicanos y la reputación de negociador que forjó cuando sirvió como número dos del expresidente Barack Obama.

    Pero Washington ha cambiado desde entonces, una realidad de la que es muy consciente, insisten sus asesores. A diferencia de Obama, utilizó sus poderes ejecutivos en su primer día en el cargo tanto para revertir políticas de Trump como para tomar medidas contra la pandemia, incluyendo un mandato para la obligatoriedad del uso de mascarilla en propiedades federales. Además prometió que su ejecutivo vacunará a 100 millones de personas contra el COVID-19 en sus primeros 100 días, estableciendo un marcador claro para juzgar su éxito o su fracaso.

    Laura Belmonte, decana del Virginia Tech College of Liberal Arts and Human Sciences y profesora de historia, dijo que aunque Biden habría sido “ingenuo” al pensar que Washington es igual ahora que cuando él era senador o incluso cuando se marchó tras su vicepresidencia, la experiencia que aporta al cargo será valiosa en este momento.
    “No tenemos tiempo para una curva de aprendizaje”, afirmó Belmonte. “No puedo pensar en un presidente moderno que haya enfrentado un panorama más desalentador”.

    En su discurso a la nación el miércoles, Biden fue claro acerca de los retos que tiene por delante y de la realidad de que su presidencia será juzgada por su capacidad para superarlos. Pero también señaló algunos motivos para el optimismo en el horizonte, incluyendo el desarrollo de la vacunas del COVID-19 y una economía lista para recuperarse cuando pase la pandemia.

    Pero hay mucha menos certidumbre sobre su gran reto: salvar las profundas divisiones ideológicas, raciales y fácticas que han llevado a la nación al borde del abismo.

    “La unidad es el camino hacia adelante”, señaló. “Debemos enfrentar este momento como Estados Unidos de América. Si lo hacemos, les garantizo que no fracasaremos”.



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