Así se despidió Alan García; dejó esta carta antes de su suicidio




  • En el velorio del expresidente peruano Alan García, en la sede del partido aprista en Lima, Luciana García, una de sus hijas, leyó una carta que, según dijo, el expresidente dejó antes de dispararse cuando autoridades pretendían detenerlo por su supuesto involucramiento en casos de corrupción.

    En la misiva, García afirmaba que no tenía que sufrir “la injusticia” de ser detenido por presuntos actos de corrupción y que cumplió con su misión como político y gobernante de su país.

    La ex ministra Nidia Vilchez señaló en una entrevista publicada por el diario Correo que “él preparó o se preparó para afrontar a quienes querían hacer un circo con una detención. Esa carta no la escribió el día anterior, esa carta tiene varias semanas atrás“.

    En una columna de opinión publicada este domingo en el diario Perú21, el periodista Beto Ortiz, quien es amigo de la hija mayor del ex gobernante, Carla García Buscaglia, aseguró que García escribió la carta hace cinco meses y se la entregó a su secretario personal, Ricardo Pinedo.

    Los restos del ex presidente fueron cremados el pasado viernes en el cementerio de Lima, en una ceremonia privada en la que solo participaron sus familiares y dirigentes políticos más cercanos.

    Aquí el texto completo:

    Cumplí la misión de conducir el aprismo al poder en dos ocasiones e impulsamos otra vez su fuerza social. Creo que esa fue la misión de mi existencia, teniendo raíces en la sangre de este movimiento.

    Por eso, y por los contratiempos del poder, nuestros adversarios optaron por la estrategia de criminalizarme durante más de 30 años, pero jamás encontraron nada y los derroté nuevamente, porque nunca encontraran más que sus especulaciones y frustraciones.

    En este tiempo de rumores y odios repetidos, que la mayoría creen verdad, he visto como se utilizan los procedimientos para humillar o vejar y no para encontrar verdades.

    Por muchos años me situé por sobre los insultos, me defendí y el homenaje de mis enemigos fue argumentar que Alan García era suficientemente inteligente como para que ellos no pudieran probar sus calumnias.

    No hubo ni habrá cuentas, ni sobornos, ni riquezas. La historia tiene más valor que cualquier riqueza material. Nunca podría haber precio suficiente para quebrar mi orgullo de aprista y de peruano.

    Por eso repetí: otros se venden, yo no.

    Cumplido mi deber en la política y en las obras hechas para el pueblo, alcanzadas las metas que otros países o gobiernos no han logrado, no tengo por qué aceptar vejámenes.

    He visto a otros desfilar esposados, guardando su miserable existencia. Pero Alan García no tiene por qué sufrir esas injusticias y circos, por eso le dejo a mis hijos la dignidad de mis decisiones, a mis compañeros una señal de orgullo, y mi cadáver como una muestra de mi desprecio hacia mis adversarios porque ya cumplí la misión que me impuse.

    Que Dios, al que voy con dignidad, proteja a los de buen corazón y a los más humildes.

  • Artículos relacionados



  • Opiniones sobre esta nota