TRANSICIONES. LA SOLEDAD DEL CANDIDATO




  • ¿Qué hacer ante el desplome (¿o fracaso?)  de la campaña de José Antonio Meade? ¿A qué tipo de estrategia echar mano a menos de dos meses para que concluyan las campañas? ¿Qué falló? ¿Ante los números que presentan las encuestas, cuando dar por terminada la contienda y llamar al voto útil? ¿Quién cerrará la puerta?

                Me imagino que estas y otras interrogantes rondan no solo en la cabeza del candidato o del presidente de la República, sino de muchos militantes priistas. Hoy me dijo un connotado militante tricolor: “La campaña presidencial está perdida, el relevo del presidente nacional del partido se debe a la necesidad de tratar de salvar algunos puestos en el Congreso y algunas gubernaturas”. “Muchos al final votarán por Andrés Manuel López Obrador (AMLO), nunca por Ricardo Anaya”.

                No sería la primera ocasión en la que el aspirante del PRI a la presidencia se desploma: antes fueron Francisco Labastida Ochoa en 2000 y Roberto Madrazo Pintado en 2006. Pero el drama de Meade se debe a que prácticamente desde que se anunció su nombre como el ungido ha estado solo. Qué si no su llamado el día que aceptó contender: “Háganme suyo”, en un reconocimiento que anunciaba lo que ahora padece: la distancia entre la militancia, el candidato y su equipo. El intento por recomponer su imagen frente a la ciudadanía y los militantes también se podía leer en su carta de presentación: “Soy un candidato sin militancia partidista”, lo que al final al parecer salió contraproducente. Los priistas de abolengo, de tradición, se sintieron traicionados por el presidente: “La decisión implicó que no había quien pudiera ser un buen candidato dentro del partido, fue una bofetada”, me dice el militante entrevistado.

                Desde luego que el contexto no abonó a la candidatura de Meade: mediocre crecimiento económico, inseguridad al alza, la peor evaluación ciudadana para un presidente saliente, un sentimiento antipriista generalizado, entre otras situaciones. Todas, condiciones adversas para cualquier candidato oficial. Pero, como dije, a ello agregamos que Meade nunca se sintió cómodo en su papel de protagonista político, su perfil era de funcionario, de técnico polivalente como suelen ser estos personajes que pueden sobrevivir a los sexenios independientemente del partido que gobierna.

                Cercano a uno de los dos principales colaboradores de Enrique Peña Nieto, Luis Videgaray, se dice que éste le impuso al grupo de colaboradores, entre otros, al presidente nacional del PRI, Enrique Ochoa Reza, así como a Aurelio Nuño, ex secretario de Educación Pública. La estrategia diseñada en el cuarto de guerra al ver que las encuestas no les favorecían, fue golpear primero a Ricardo Anaya para tratar de arrebatarle el segundo lugar y en seguida a AMLO, el puntero, creando una percepción de incapacidad gubernamental en ambos. Como la estrategia no funcionó, se resolvió ir por una que les dio resultado en 2006: infundir miedo entre la población ante la eventualidad del triunfo de AMLO. El incesante golpeteo y la repetición reiterada de Ochoa, Nuño y (Javier) Lozano, fue catastrófico para Meade. Nunca se enteraron los asesores que utilizar el primer apellido (“López”) para denostar a AMLO era crear una creciente animadversión entre los López de este país, cuyo apellido es uno de los mayoritarios en la Lista Nominal de Electores.

                Lamentablemente para su causa no hubo el golpe de mano que debió dar, a decir de los mismos priistas, durante el primer debate. Fue, dicen, la última oportunidad para marcar distancias con el presidente y sus políticas. No quiso y no pudo hacerlo. Parece muy tardío y tibio el cambio de presidente nacional priista. Llega René Juárez Cisneros, más para tratar de estrechar la distancia entre la base priista y la candidatura externa de Meade. Parece muy tarde, dicen los enterados y los mismos priistas. La diferencia entre AMLO y Meade parece insalvable, salvo que ocurra un milagro. Al parecer el candidato de la alianza encabezada por el PRI cree que todavía es posible, al menos todos los domingos acude a la iglesia a pedirle a los santos. A lo mejor tendría que ponerlos de cabeza, porque puede suceder que al final no haya quien cierre la puerta.

     


    [1] Director del Departamento de Estudios de Administración Pública de El Colegio de la Frontera Norte. Correo electrónico: victorae@colef.mx. Twitter: @victorespinoza_

                  Página WEB; www.victoralejandroespinoza.com



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