PANDEMIA Y SOCIEDAD




  • Ante esta pandemia que arropa al mundo y nos obliga a distancias físicas (no sociales), porque de algún modo estamos comunicados por muchos medios en redes sociales, donde se reducen, o no hay distancias, aun así, nos vemos atrapados en algún sentido y se extrañan algunos imperativos como “la Libertad”, ¿somos libres? En sentido amplio, pero sacrificamos parte de esa libertad, por la seguridad. La mayoría del mundo lo hizo, es una forma del “Ser Social” y desde la Sociología Tal como lo propuso su fundador Augusto Comte, quien lo retoma de alguna forma de Aristóteles cuando afirma que la naturaleza del hombre es el Zoon Politikon, el ser social y solo los animales o los locos pueden vivir aislados y primera unidad social es la familia y el conjunto de estas hacen la sociedad, (como le explica Engels el La Familia la Propiedad privada y el Estado) la cual para mantenerse crea reglas para convivir o vivir con los demás. 

    Es cierto, el sistema económico (global) está en crisis y casi todas las instituciones económicas, políticas, ideológicas y demás, pero al final volvemos al centro del todo y es lo social, aun cuando todo lo que rodea a lo social está en crisis, no se debe de seguir igual, ¿Cómo que se terminó la pandemia y hay nos vemos?, volvamos a todo lo demás para reflexionar y tratar de no tropezar con la misma piedra, sino aprender y entender que tenemos que cambiar aun cuando todos pasamos esta pandemia de forma diferente, a las grandes mayorías en pobreza que son las más vulnerables y las golpea más, por su sobrevivencia, pero lo más probable es que las una más. 

    En la mayor parte de los problemas sociales, la solidaridad se hizo presente en casi todos los espacios, donde la vida comunitaria apareció de nuevo sin lucrar políticamente, a través de la presencia y apoyo de muchas ONG, pequeños empresarios del campo y ciudad, algunos grupos religiosos, periodísticos y gobiernos municipales en apoyo a la contingencia, donde la familia como unidad social tubo un re encuentro social, se valoraron los micro espacios, la casa fue el espacio familiar de nuevo. 

    Aunque también hubo los grandes ausentes, como las organizaciones políticas, partidos, Congresos y demás, los Colegios y asociaciones profesionales que mucho pudieron aportar, los sectores financieros, ausentes con cara de víctimas, las grandes cadenas comerciales y sería muy cansado enumerar a los grandes ausentes, pero también hubo los extremos como el industrial y maquilador que quieren continuar a pesar del riesgo humano, ¡A trabajar aunque se mueran!, al fin que la fuerza de trabajo es también parte de los medios de producción. 

    Al final la globalización cierra un ciclo con una pandemia y no con una guerra como se esperaba, aunque este virus es igual de peligroso y mortal, que bien seria reemplazar el sistema por un Nacionalismo con humanismo universal que sería la fórmula ideal de la salvación, como en algunos países ya se está proponiendo. El mundo será tripolar (China Rusia y E.U.) o multipolar, pero ya no neoliberal, sino solidario, verde y con equidad e igualdad, un nuevo socialismo del Siglo XXI que hay que construir a falta de referentes teóricos para el futuro del mundo, la aldea global en singular ya no será, vienen cambios y pronto vamos a aterrizar, el mundo sigue, las crisis son oportunidades para replantearse cada quien su sentido de vida, personal y social, si bien la civilización occidental, con un individualismo amedrentado, parece haber inhibido este tipo de reflexiones. 

    Somos más herederos de la tradición judeo-cristiana que de la cultura greco-latina, los estados-nación han sido rebasados por un capitalismo sin freno tan voraz como demencial, y la promovida globalización ha sido para beneficio de unos cuantos, no del globo (Jesús Flores Olague), “Ante tanta incertidumbre –prosigue el también poeta e investigador– no le queda a la humanidad sino dar un severo giro al aprovechamiento de las ciencias y las humanidades, unas secuestradas y otras relegadas, para repensar herencias que ya no responden a una realidad individual y social, pero el pensamiento posmoderno elude revisar e instaurar nuevos paradigmas de crecimiento. Sólo a partir de esa revisión honesta, a todos los niveles, de estructuras caducas es que se puede elaborar un sistema de pensamiento más verdadero hoy y menos incierto mañana”. 

    Se vale estar en desacuerdo con el proyecto político, pero pretender echar a los gobernantes a mitad del camino tiene un término peligroso y refiere al golpismo Hemos llegado a ello descendiendo a toda velocidad por la pendiente de la polarización, la intolerancia y la ignorancia, porque el país es más importante que nuestra generación, es nuestra patria y matria. La calidad del debate público es preocupante: no hay discusión de ideas ni análisis de programas o políticas, hay descalificación de las personas, partidos, organizaciones u órdenes de gobiernos que los esgriman. Por eso no hay consenso posible, no hay acuerdo democrático mínimo en beneficio del país. No hay confianza en el interlocutor, sino las ganas de que, quien proponga algo, fracase en todo aquello que intente, con tal de que su idea no prospere independientemente que la misma sea valorada, la confrontación mata todo, el camino es otro que tiene que ver con el análisis, la crítica, la autocrítica y síntesis, el dialogo para cambiar, como una tarea de tod@s, la polarización crea más crisis, el consenso y la participación ciudadana apoyan la construcción de proyectos realizables, el disenso tampoco debe de desaparecer porque lo que opone apoya también bajo ese criterio de la democracia.  La democracia implica ceder, escuchar, respetar las reglas y entender que no hay argumentos perfectos ni infalibles, partir de que nadie es poseedor de la verdad absoluta. La democracia es un acto de humildad, de respeto colectivo y constructivo. 


     

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