¿Y después del Coronavirus?




  • De repente vimos cómo sin ejércitos ni divisiones militares, el Covid-19 se erige como un poderoso enemigo que en sólo unas semanas ha puesto en jaque la soberbia civilización occidental y se expandió por todo el planeta. Las grandes economías del mundo se han cimbrado y la sombra de la recesión inquieta. La emergencia sanitaria ha provocado un colapso mundial, las bolsas han caído, la actividad económica y el comercio se han contraído y por lo mismo cayó el precio del petróleo y se devalúan todas las monedas, pero el frente económico no es menos preocupante que el de la salud.
    Estados Unidos, Rusia, Gran Bretaña, Francia, República Popular de China, Israel, India, Paquistán y República Popular Democrática de Corea poseen armas nucleares y altas tecnologías, que poco pudieron hacer para contener este enemigo micros que sin fronteras invadió al mundo, un ser diminuto, tan pequeño e insignificante que no podemos verlo, ha cambiado ya la ruta del planeta, en dos semanas paralizó todo.
    La pandemia cambió intempestivamente nuestra vida; aquí en México y en medio mundo. Es una realidad dañina y, para evitar su propagación, se paraliza todo; se detienen las actividades cotidianas, la economía de los países, la educación de niños y de jóvenes, los negocios, la producción, el comercio, irrumpió en un mundo tan poblado (más de 7 mil 700 millones de personas) e interconectado y con un planeta ambientalmente enfermo. 
    Esta crisis nos encuentra con sistemas de salud fragmentados y sin cobertura universal, donde más de 47 por ciento de la población no tiene acceso a la seguridad social. Al multiplicarse puso en entredicho la infraestructura hospitalaria de los países al verse rebasados y con enormes dificultades para atender a todos los enfermos que lo requieren y en pocos días empezó a matar a miles, infectando a cientos de miles.
    Almudena Grandes aclaró: A nuestros abuelos les pidieron que fueran a la guerra, a nosotros nos piden que nos quedemos en casa. Ahora urbes italianas, españolas, francesas parecen ciudades fantasmas de un paisaje surrealista a la Magritte o a la Dalí. Por las cuarentenas parciales, cunde un silencio ensordecedor en grandes urbes sólo interrumpido por las sirenas, mascotas y otros animales y ambulancias mientras la gente comparte historias de horror, pero también de heroísmo, sobre todo el de los trabajadores de salud que intentan hacer todo para rescatarnos de esta peste.
    El miedo se convirtió en pánico por el no respiren, no toquen, el que está al lado puede ser mensajero de la muerte, esperen instrucciones de las autoridades; no se muevan, no salga de casa. Ese es el mensaje oficial incesante, el micro espacio se redujo a la casa, el hogar y la familia, al micro espacio, el macro solo es virtual, pero llego el tiempo de reflexionar sobre el todo, desde lo micro, mi casa, mi salario, mis vecinos, mi familia, este toque de queda debe de ser pacifico para pensar cómo sobrevivir, como ordenar la casa, como sobrevivir un mes y entender que no es “Solo con papel de baño”, a lo mejor con más libros, alimentos saludables, una buena división social del trabajo en casa, mas juegos de ajedrez, barajas, reales y virtuales, mas conocimiento de tod@s l@s miembros de la familia, nuevas formas de comunicación y demás, para aprender y valorar lo básico de lo superficial: racional, una nueva educación, nuevos valores para un nuevo mundo.
    Después de ver la casa ahora ver la calle, las instituciones cómo actúan y cuáles son estratégicas aprobar y reprobar, para superar, no solo la crítica, comparar las instituciones en tiempo normal y en crisis. La alta vulnerabilidad de la humanidad; tan lejos de la seguridad tecnológica y tan cerca del azar genético; la de un planeta en que todo está interconectado tanto por los fenómenos físicos, biológicos y ambientales como por los económicos, políticos y sociales. La crisis sanitaria ha causado en pocas semanas una crisis económica, otra financiera, una más energética y hasta una ideológica o moral; sin embargo, cuando se vuelve permanente, la crisis se convierte en la causa que explica todo lo demás.
    Hagamos de este encierro, un encuentro, Agamben tiene razón: el futuro ya no tiene futuro. Se lo robaron. Creo que estamos en medio de una tormenta, un ciclón, una guerra, una crisis, un tiempo nudo, como lo fue la primera o segunda guerra mundial, o la crisis del 29, o la del 1989 con la caída del Muro de Berlín que significo la caída del socialismo real, un tiempo nudo a la deriva donde, no sabemos a dónde llegar, especulamos, pero imaginamos nuevos futuros, pesimistas la mayoría, pero pasado ´esto ya no será lo mismo,
    Vendrán nuevas agendas porque nos pusieron a prueba a todos, todas sin distingo social, cultural, económico político, desde la aldea, el rancho a  la ciudad o metrópoli, fue global, vimos o veremos nuestras fortalezas y nuestras debilidades, tendremos que hacer una lectura para construir un mundo nuevo, una sociedad nueva o diferente, porque en esta prueba hay muchos reprobados, me refiero a instituciones, gobiernos y políticas públicas, lo cual servirá para hacer nuevas agendas, llegar a consensos, discutir, analizar, criticar para construir, crear e inventar, sin dogmas ni fundamentalismos, los extremos son irreconciliables sonó la hora de reflexionar sin parámetros ortodoxos.
    Es tiempo de Utopías, de soñar en cambiar, en nuevos futuros porque esta realidad no puede ser así, un mundo polarizado, confrontado en una cultura de la violencia y en ese irracional contraste entre la opulencia y la indigencia donde unas pocas familias concentran más de la mitad de la riqueza mundial mientras lo único que crece exponencialmente es la masa de miserables y no se detendrá si no cambiamos el rumbo para crear un futuro, porque el actual nos lo robaron, la civilización moderna está erigida sobre el individualismo, la competencia, la rentabilidad económica, el consumismo, el patriarcado y las estructuras verticales o piramidales, pero lo que salvara a nuestra especie será exactamente lo contrario: la cooperación, la solidaridad y el apoyo mutuo.
    Necesitaremos de un nuevo pacto social nacional y mundial donde el centro de las políticas públicas seamos los seres humanos, encontrar la justificación moral en la búsqueda de la solución real a las injusticias y desigualdades, incluidas las colonizaciones, los racismos, los patriarcalismos y la destrucción de la naturaleza. El neoliberalismo, como racionalidad, no sirve. El sálvese quien pueda no funciona; la supremacía de lo individual es un gran escollo ahora que pedimos esfuerzos colectivos; la cooperación se impone ante la competencia. Los mercados no saben cómo auto regularse; no existe mano invisible que los regule, la crisis del coronavirus ha hecho visible el altísimo grado en que requerimos acción colectiva orientada a la cooperación, y de un Estado que vea por todos. Los migrantes que temen acudir a los servicios médicos, o que no pueden aislarse porque no pueden perder un día de trabajo, los indigentes que viven en las calles, los presos... son ahora, claramente, un problema de y para la sociedad entera. El coronavirus demuestra que necesitamos volver a inventar algo así como un estado de SOCIAL, con mayúscula    

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