LA PRIMAVERA FEMINISTA




  • No fue un fantasma que recorre el mundo, son las mujeres que reclaman ¡Justicia!, su voz se escuchó por todo el mundo, no todos y todas lo entendieron pero lo escucharon, el concepto de feminismo es un concepto viejo, que ya much@s estudiosos de lo sociológico ha propuesto el cambio a otra categoría social, porque es visto como propio del comunismo- socialismo y la docta ignorancia no lo entiende pero es la lucha en la esfera de la política porque les hagan justicia a todas en todos los espacios, públicos privados y sociales donde imperen los valores del respeto, justicia, igualdad, equidad y fraternidad.  Nunca antes fue tanta la conciencia, ni tan abierto el descontento contra la ignominia estructural que padecen niñas, jóvenes y adultas. Los días reales de millones de ellas siguen siendo infernales. Las marchas y los paros son apenas el comienzo el clamor es mundial ¡No más asesinatos, maltratos, violación de mujeres, dentro y fuera del hogar!, ¡Ni una Más!, ¡El violador eres tú!, un reclamo a la cultura machista, se trata de un movimiento revolucionario y reivindicatorio que no va contra grupos políticos ni ideológicos, sino contra una sociedad machista que ya no engrana en este siglo y que va a ser borrada por la fuerza y la razón de la historia.

    Ante tanta violencia y dominación masculina ya no se quisieron quedar calladas, ojala y que los actos de repudio a la violencia logren impactar y conmover a las instituciones –tanto públicas como del sector privado– y al conjunto de la sociedad, ninguno de cuyos sectores puede permanecer indiferente ante la crisis de violencia que padecen las mujeres, así como expresar un rechazo enérgico a los intentos de instrumentación política de esta lucha, porque esta protesta femenina es producto de una vertiente histórica que rebasó los discursos de los liberales y de los conservadores, de los católicos y de los librepensadores.

    A nosotros nos toca hacer una autocrítica de las violencias que ejercemos para responsabilizarnos de ellas, cambiar el mandato de masculinidad del sistema patriarcal, colonialista y sexista, y deconstruirnos para reconstruir una nueva civilidad, para que nazcan nuevas identidades y formas de relacionarnos, libres de violencias y discriminación, un sentimiento recorre el país desde las ciudades y los pueblos más pequeños en el medio rural mexicano, en todos los micro espacios, desde la escuela, la casa, la iglesia, la calle con una sensación de desamparo ¿quién nos defenderá?, continúa con una constatación dolorosa –no se puede confiar en el gobierno (el que sea: federal, estatal o municipal)–, se convierte en desesperanza –un país sembrado de cadáveres e impunidad–, deviene en rabia, hasta que empieza a despuntar en redes de apoyo y solidaridad.

    Los reclamos son del dolor y llanto de la madre que perdió a su hija y no sabe si vive o está muerta, o si la llevaron a un prostíbulo, aquellas que sufren cárcel, a las violadas por la bestialidad sin sentido del hombre, a las asesinadas por gobiernos inmorales, a las vejadas y golpeadas, a las que sufren por la desaparición de los hijos e hijas, a las que no tienen un techo donde guardar su cuerpo eterno. A todas las que resumen el dolor humano, no es para politizarlo, ni confrontarlo o de partido, es más que todo eso, por encima de los partidos, las iglesias y las ideologías, es de todos y todas.  

    Fue la movilización de la rabia, el hartazgo y la indignación por la impunidad, pero también de la exigencia de la libertad y el respeto hacia ellas. “Las niñas, marchando, también están luchando gritaban, Aborto sí, aborto no, eso lo decido yo, Somos las nietas de todas las brujas que nunca pudiste quemar, amiga, hermana, si te pega no te ama, fueron los coros durante todo el trayecto. La marcha, de acuerdo con datos del Gobierno de la Ciudad de México, movilizó a 80 mil personas, y ya en la plancha hubo 35 mil. Mas las de todos los Estados del país y del mundo

    Los políticos, los partidos y las autoridades poco caso han hecho a las protestas pacíficas que se han practicado durante largos años. Ahora sí hay preocupación y atención ante esas irrupciones en las que, desde luego, es de suponerse que también participan ciertos grupos deseosos de provocar problemas políticos a las autoridades del obradorismo, pero ni las bombas molotov, ni las pintas lograron apagar sus voces de su reclamo.

    Porque como señaló Ana Silvia Monzón, la opresión femenina no es natural, es una construcción histórico-cultural que fue institucionalizada como sistema de dominio masculino por el derecho romano a partir de la figura jurídica del paterfamilias. En un mundo en crisis civilizatoria éste es, sin duda, el tiempo de las mujeres.

    La pregunta es que sigue después de 8 y 9, ya las escuchamos y ahora es importante hacer algo todos por todas, como ya dijimos, la 4ª. Transformación es feminista o no es transformación necesitan respuestas desde todos los órganos de gobierno, de las instituciones políticas, sociales, económicas e ideológicas, ya no podemos esperar no podemos seguir con lo mismo: “Gobiernos que escuchan y no hacen caso” la agenda de las mujeres debe de ser prioritaria y cada quien debe de hacer su tarea, las manifestaciones fueron un éxito, más allá de las infiltradas violentas, fueron más las pacificas ¿Qué hacer? Diría Lenin.

     

  • Opiniones sobre esta nota