AL FILO DE LA NAVAJA. JULIAN ASSANGE Y SERGIO AGUAYO, PARALELISMO




  • Entendemos a la LIBERTAD DE EXPRESIÓN como un medio elemental para la difusión de ideas y para el descubrimiento de cualquier verdad. Este derecho humano reconocido universalmente, es necesario para que las personas tomen conocimiento del entorno y la realidad que los rodea y del mundo en que viven, útil para el intercambio de ideas y para aprender mediante la comunicación libre con los demás. Podríamos decir también que es la capacidad de formular ideas y, al mismo tiempo, darlas a conocer por cualquier medio.

    Al ser reconocida la libertad de expresión como un derecho fundamental, su ejercicio debe ser garantizado por los Estados para que sus ciudadanos puedan gozar plenamente de ella, ya sea para obtener y generar información y opinión, como para difundirla, sin interferencia de agentes gubernamentales o de particulares.

    El ejercicio de la libertad de expresión se vincula estrechamente y es interdependiente al derecho a la información.

    Dos personajes que están hoy en el centro del debate en torno a la libertad de expresión son Julián Assange, ciudadano de origen australiano, y Sergio Aguayo Quezada, académico, defensor de los derechos humanos y columnista en medios de comunicación mexicanos.

    El primero de ellos, JULIÁN ASSANGE, es experto en descifrar códigos informáticos, que en el año 2006 creó la página web WikiLeaks para filtrar información que posteriormente generó grandes escándalos en el mundo, descubriendo acciones ilegales de gobiernos, agencias de seguridad y de espionaje, y de movimientos financieros fraudulentos, entre otras informaciones.

    Las revelaciones de WikiLeaks de material clasificado que involucra guerras, vigilancia, corrupción y negociaciones secretas, desataron serios conflictos y enojo entre los gobiernos –principalmente de los Estados Unidos- y grupos de poder afectados por la sensible información publicada, por supuesto, información oculta a la opinión pública que descubría actos ilegales contra personas, grupos y gobiernos.

    Julián Assange reafirmó, así, que la información es poder, que es un medio para conocer la verdad, para generar política pública y una herramienta útil para la denuncia pública y la administración de la justicia.

    Assange tuvo el valor de formar una red de medios independientes en el mundo, como canales de distribución de la información descubierta por los sistemas informáticos de WikiLeaks. Medios como Le Monde (Francia), El País (España), Der Spiegel (Alemania), The New York Times (EUA), The Guardian (Inglaterra) y La Jornada (México), entre otros, difundieron más de 250 mil documentos confidenciales y secretos que comprometían seriamente a políticos de varios países poderosos del mundo.

    Esto bastó para operar una serie de insidias y acusaciones contra Assange, primero, por parte de Suecia, situación que lo obligó a asilarse en el año 2012 en la Embajada de Ecuador en Londres, bajo la amenaza de ser extraditado a los EUA para ser juzgado bajo los cargos de filtración de documentos secretos, espionaje y traición. Estos cargos, de acuerdo a la justicia norteamericana, son suficientes para dictarle prisión preventiva o la pena de muerte.

    En 2019, el presidente de Ecuador, Lenin Moreno, leal al gobierno de Trump, retiró el asilo a Assange y lo entregó a la justicia inglesa, sufriendo incluso tortura emocional según el Relator Especial sobre Tortura de la ONU, pesando sobre su cabeza la amenaza de extradición a los EUA Hoy, se ha conformado una red mundial de solidaridad con Assange para lograr su libertad.

    En México, el académico y columnista SERGIO AGUAYO QUEZADA, publicó el 20 de enero de 2016 un artículo en su columna semanal, opinando que Humberto Moreira, ex gobernador de Coahuila y ex presidente del PRI, a raíz de su detención en España acusado de lavado de dinero, “desprende un hedor corrupto”. Eso bastó para que Moreira, una vez en libertad, demandara a Aguayo por “daño moral”, demanda que recayó en un juzgado de lo civil del Distrito Federal.

    El asunto llegó recientemente hasta el Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México. El magistrado Francisco José Huber fijó sentencia condenatoria a Aguayo por la publicación de esa columna tasando una garantía de 450 mil pesos como condición para el pago de 10 millones de pesos a Moreira, por concepto de daño moral en su perjuicio.

    La sentencia contra Aguayo evidencia violaciones al debido proceso, fundada y motivada en argumentaciones dolosas e interpretaciones erróneas y violatorias de los derechos humanos, ya que la autoridad no aplicó la Ley de Responsabilidad Civil para la Protección del Derecho a la vida privada, el honor y la propia imagen para la Ciudad de México.

    El hostigamiento judicial a Sergio Aguayo es interpretado por ONG, activistas, gremios de periodistas, juristas y académicos, como un grave atentado a la libertad de expresión, en virtud de que la columna en cuestión, por su propia naturaleza, no implican un contenido de “hechos” sino que es una “columna de opinión”, tal como lo ha establecido la SCJN, es decir, no aplica el estándar jurídico de “Malicia Efectiva”, ya que el columnista no dio información falsa, sólo opinión.

    Se pide ahora la intervención del Consejo de la Judicatura de la CdMx, la CNDH y los Relatores para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y de las Naciones Unidas, y que la SCJN atraiga el caso ya que “representa un retroceso para la libertad de expresión y un precedente riesgoso para la libertad de prensa en México.”

    *Director de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste

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