AL FILO DE LA NAVAJA. REBELIÓN EN LA GRANJA.





  • El 11 de septiembre de 1973, con el apoyo del Departamento de Estado, el Pentágono y la CIA, Augusto Pinochet no sólo asesinó al Presidente Salvador Allende y a la democracia en Chile, sino también estableció, mediante un gobierno militar, las bases para que este país se convirtiera en laboratorio del modelo neoliberal en América Latina, necesario para contrarrestar los impulsos revolucionarios en la región a partir de la Revolución Cubana de 1959 y de los movimientos sociales surgidos en 1968.

    Precedido de múltiples intervenciones militares y políticas de los Estados Unidos en los países del Continente, el Golpe de Estado en Chile fue la llave para instalar en la región a gobiernos autoritarios, no sólo para frenar cualquier intento progresista y de izquierda en los países del Cono Sur, sino también para imponer los proyectos del capital financiero internacional (FMI, Banco Mundial, BID) en favor de las trasnacionales y de los oligopolios, como un nuevo gobierno mundial, siempre, con la intervención y apoyo del Departamento de Estado a través sus Embajadas (un viejo chiste contado por líderes latinoamericanos dice que los Estados Unidos es el único país del mundo donde no hay golpes de Estado, porque no hay Embajada de los Estados Unidos).

    Los Estados Unidos no podía soportar que en su patio trasero se gestara un Estado socialista. Por ello, en plena Guerra Fría, organizó un complot para el traspaso de un gobierno elegido democráticamente con Salvador Allende al frente, a un gobierno neoliberal capitalista, como un anticipo de la posterior caída del llamado Bloqueo Socialista bajo el liderazgo de la ya para entonces alicaída Unión Soviética.

    Arrancado el neoliberalismo en Chile, la propaganda oficial capitalista mostró al mundo las “bondades” de la Economía de Mercado: crecimiento del PIB, mayor ingreso per cápita, mayores inversiones privadas, negocios exitosos, auge de las trasnacionales, explotación privada del cobre (base de la economía chilena), etc.

    El supuesto “milagro económico” de Chile, como nos lo vendieron y como lo nombró el economista estadounidense Milton Friedman, ideólogo norteamericano del neoliberalismo, fue un conjunto de reformas económicas llevadas a cabo durante la dictadura de Pinochet, que impuso por la fuerza el libre mercado y el terror.

    La gota que derramó el vaso de agua
    Muchos no entienden cómo fue que, con el supuesto éxito de la economía chilena, el aumento en la tarifa del Metro en Santiago de Chile detonó el conflicto. ¿El aumento en las tarifas del Metro? No. En un país donde el sueldo del 70 por ciento de la población no alcanza $700 dólares mensuales, el anuncio sobre el aumento del precio del metro de Santiago de 800 a 830 ($1.15 USD) pesos chilenos la semana pasada representó el hartazgo.

    Chile, el país de América Latina con más tradición neoliberal, no ha logrado erradicar la pobreza, al contrario, se estima que el 36 por ciento de la población urbana vive en la pobreza extrema, que va en aumento, y en la misma proporción, aumentan el saqueo del cobre, las ganancias de las trasnacionales y la riqueza de la oligarquía criolla.

    Otras preocupaciones sociales han sido las bajas pensiones de los jubilados, las altas tarifas de luz y gas y un sistema educativo y de salud desiguales.

    Esos fueron los motivos de la histórica protesta: no existe tal éxito del modelo neoliberal.

    La gran lección

    Es evidente que, en la mente de un gobernante neoliberal, conservador y autoritario como Sebastián Piñera (como hay muchos en el mundo), no cabe la idea de fallar a sus patrones, a quienes realmente lo pusieron ahí, y no precisamente los electores; su misión de gobierno es defender el modelo neoliberal a como dé lugar ante cualquier amenaza, aunque esta sea el mismísimo pueblo. Ello explica la brutal represión del ejército y de los carabineros.

    Pero la rebelión en la granja va: las grandes protestas y represiones en Ecuador y en Haití contra los gobernantes neoliberales, las masivas movilizaciones en Uruguay contra el uso de militares en "seguridad interior", el inminente triunfo de la corriente progresista antineoliberal de los Fernández en Argentina, las masivas protestas en Brasil contra el depredador Bolsonaro; las movilizaciones en Costa Rica por la Educación Pública, los saqueos, disturbios y movilizaciones en Honduras para demandar la renuncia del presidente Juan Orlando Hernández; la reelección del izquierdista Evo Morales en Bolivia y el discurso antineoliberal de López Obrador en México ponen en serio predicamento al sistema neoliberal en el mundo.

    La brutal represión del gobierno español conservador contra los autonomistas catalanes, las grandes dificultades del gobierno inglés para concretar el “Brexit” (salida forzada de la Unión Europea y del sistema Euro); el artero ataque del gobierno turco a los kurdos, la difícil resistencia de Cuba y Venezuela a las agresiones imperiales, el rechazo y la discriminación a los inmigrantes africanos, centroamericanos, caribeños, sirios, de Europa del Este y otras regiones por los países desarrollados y de la periferia como México; el desplazamiento de los Estados Unidos por China como primera potencia económica mundial, el brutal déficit de los Estados Unidos, todo eso y más pone de cabeza al planeta y en crisis a la Economía de Mercado.

    El mundo parece estar en la búsqueda de otro modelo de desarrollo más justo y democrático, cuyo cambio, seguro, será violento sin remedio, como son las Revoluciones.

    *Director de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste



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