¿Hacia dónde va Morena?




  • No solo la presidencia de Morena debe ser por plebiscito también la elección de todos los candidatos del partido, pues se trata del partido del pueblo. No es justo que la preselección de candidatos que se presentarán al pueblo esté en manos del 3% del padrón electoral que son los políticos de partido. No solo debe haber azar al contender con otros partidos, también debe haber en la selección interna de candidatos. El azar ante los resultados electorales es la nueva medida de la democracia. La incertidumbre ante quien será el candidato y si finalmente ganará impide arreglos tras bambalinas y actuar con impunidad.

    Basta ya de inversiones en campaña que cobrar con presupuesto, cargada a candidatos que hay que inflar, fraudes que ocultar para "salvar" al partido, reparto grupal de presupuesto, encuestas falsas, performances democráticos y abrir la puerta a un sinfín de hipócritas y simuladores. La actividad política debe tener la rentabilidad más baja de todas las áreas económicas, solo así obtendremos verdaderos políticos por vocación y servicio pues serán los que ganen menos. Los políticos de partidos deben ser los que menos influyan en la preselección, pues son simples medios, enlaces entre sociedad política y civil.

    En países bajos el sistema electoral es voto automático que admnistra un organismo baratísimo y sencillísimo. ¿Partidas presupuestales para medios? Para qué, lo único que vende un político son proyectos de resolución a problemas comunes, para eso un simple volante que explique o una cuartilla en medios es suficiente. Ya demasiada propaganda tienen al ser principal fuente de noticias.

    Eso de hacer exámenes de calificación a los políticos como pretendían hacerlo a los maestros normalistas, en verdad que urge mucho más en políticos. Es increíble la ignorancia de las leyes en las cámaras, ni siquiera de los reglamentos internos, para no hablar de la ausencia de proyectos. No queremos actuación espectacular para eso son los artistas, queremos soluciones reales a problemas reales de corto, mediano y largo plazo. Pero, AMLO y muchos más nos negamos a hacer aparecer exámenes como cuchilla de Ockham para derribar o someter enemigos. Así como los normalistas no requieren examen pues para eso son los títulos académicos, los políticos tampoco requieren examen pues lo que venden es lo que exhiben, está expuesto, sus atinos y fracasos, su conocimiento desplegado en cada palabra, su falsedad o cercanía a la realidad es lo que les hace ser. Para eso son las elecciones, son el examen.

    Pero ahora una verdad no invalida a otra, solo se suma al cúmulo infinito de verdades que existen alrededor de cualquier algo, son otros tiempos. Son tiempos holísticos posmodernos donde ya no el ganador demuestra el triunfo total sobre los demás, solo fue portador de una verdad, una solución, un buen arreglo cuyo proyecto más destacó o mejor actuó en un momento dado. Entre más verdades tengamos acerca de algo mejor será el tratamiento de nuestras soluciones, así entre más candidatos portadores de verdades tengamos a escoger, mejor elegiremos. Eso de que nos elijan un candidato y las posibilidades se reduzcan a si o no debe desaparecer. Un partido debe ser una caja de resonancia de todos los proyectos sociales alternativos posibles de toda la sociedad y de ellos escoger los mejores y no solo unos cuantos oscuros iniciados autocoptados. Que los partidos abran las posibilidades políticas a todos no que las encierre a unos cuantos, pues la política no es ningún tipo de monopolio es el arte de encontrar y realizar las mejores soluciones a problemas comunes.

    Esto es el espíritu que ha animado siempre a todo político de todos los tiempos, su máxima legitimación que ha acompañado toda prédica política, la de jurar y perjurar su búsqueda del interés público antes que el personal, la del servicio a los demás, básicamente la vocación política por encima de cualquier otro interés.

    El partido es un enlace de la sociedad política con la civil nada más, los políticos de elección o de partido no están para elegir a nadie puesto que están para ser electos por el pueblo en cualquier caso. Esto es el espíritu que ha animado siempre a todo político de todos los tiempos, su máxima legitimación que ha acompañado toda prédica política, la de jurar y perjurar su búsqueda del interés público mucho antes que el personal, la del servicio a los demás, básicamente la vocación política por encima de cualquier otro interés. Echémosle un balde de agua fría a todos aquellos que ingresaron a Morena apostando a repetir la historia del PRI, PAN y PRD.

    Quienes que no estén de acuerdo con este tipo ideas, relájense, solo es mi opinión personal perdida en el mar infinito de las ideas. Son solo ideas, un intento hacer de la política una filosofía.

    Raúl Corral Quintero 
    Anahuacalli, 15 septiembre 2019
    Filósofo

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