AL FILO DE LA NAVAJA. RETROCESOS DE LA POLÍTICA MIGRATORIA MEXICANA




  • Lo que prometía ser una política migratoria progresista, de vanguardia, soberana y profundamente respetuosa de los derechos de las personas migrantes que circulan por el país, extranjeros incluidos, acorde a los estándares internacionales en la materia, México está dando señales de regresión respecto a las primeras acciones emprendidas por la administración del Presidente López Obrador.

    Hoy, las cosas se han complicado extraordinariamente, tanto en la frontera sur como en la frontera norte de México, en parte, por las fuertes presiones provenientes de la administración Trump, pero también por los yerros de quienes diseñan la estrategia migratoria nacional y de sus operadores.

    AMLO ha apostado demasiado a una especie de Plan Marshall para Centroamérica y el sur-sureste de México, prometiendo una fuerte inversión económica para la reconstrucción del tejido social a través de la creación de miles de empleos en proyectos de corte neoliberal, como el Corredor Transístmico y el Tren Maya (que no gozan del aval de las comunidades y pueblos afectados), con el concurso del sector privado, como fórmula para contener la migración masiva hacia el norte, tal y como son los deseos del Sr. Trump que, contradictoriamente, apuesta a la agudización del fenómeno migratorio para su proyecto reeleccionista.

    Pero resulta que las familias no emigran sólo por condiciones de pobreza, sino también huyen de la violencia extrema en sus comunidades, producto de la presencia de violentas bandas y cárteles que toman a los países centroamericanos y a los puertos mexicanos del Pacífico como plataforma y vía de tránsito de la droga, sometiendo y corrompiendo a autoridades locales y del más alto nivel.

    Así, no basta la creación de fuentes de trabajo para contener la emigración masiva, medida que no es atractiva para los migrantes porque su objetivo es ingresar a los Estados Unidos a como dé lugar, quemando todas sus naves, donde no hay retorno.

    El gobierno mexicano pierde de vista el desarrollo histórico de Centroamérica, escenario de Golpes de Estado e intervenciones yanquis, que en años anteriores fue escenario de una Guerra Sucia que confrontó a militares, guerrilleros, paramilitares y narcotraficantes.

    Tras los acuerdos de paz de Contadora de 1983 para pacificar la región centroamericana, muchos ex combatientes y sus familias emigraron a los Estados Unidos, incorporándose los jóvenes y menores a las gangas, formando las temibles Maras Salvatrucha; jóvenes pauperizados y lumpenizados que después fueron deportados a sus países de origen, desde donde han cobrado venganza y sembrado el terror entre la población de la región. Esta violencia extrema no se combate con la creación de barreras laborales, es mucho más compleja, producto de la crisis estructural y de la política injerencista y de despojo de los Estados Unidos.

    El regreso a La Bestia

    Ante el arribo masivo de personas centroamericanas y caribeñas en camino hacia la Unión Americana y a consecuencia de las fuertes presiones de la Administración Trump, el gobierno mexicano ha decidido instalar un cinturón de contención de migrantes en el Estado de Chiapas y, salvo excepciones, ha dado marcha atrás al otorgamiento de visas humanitarias y de permisos de estancia temporal para que circulen libremente por el país.

    El INM ha regresado a la práctica de las redadas, lo que hoy ha provocado que los migrantes se amotinen y que busquen escapar de nuevo en el tren carguero, La Bestia, que tantos muertos y cercenados ha provocado, exponiéndose a asaltos, secuestros, violaciones y extorsiones y a ser arrojados desde el techo del tren por las bandas que operan en la ruta.

    La frontera norte y la xenofobia

    Por el volumen de migrantes que se concentra en la frontera sur y los conflictos que ello acarrea a las atribuladas autoridades migratorias para contenerlos, la frontera norte ha sido desatendida. No hay recursos para la asistencia primaria y humanitaria a las familias y los albergues de los organismos civiles y religiosos están saturados, en espera de más migrantes,

    La crisis se agudiza por la decisión de la autoridad federal de aceptar que los centroamericanos solicitantes de asilo en los Estados Unidos regresen a México a esperar su resolución, contrario a los acuerdos mundiales sobre el derecho de asilo y a la propia Constitución del vecino país: deben esperar en los Estados Unidos.

    Hay un vacío de atención por parte de las autoridades de las ciudades fronterizas mexicanas para la atención estructural del fenómeno migratorio y su emergencia. En la campaña electoral que se desarrolla en Baja California, las y los candidatos a gobernador, munícipes y diputados locales evaden el tema migratorio por temor al rechazo de los votantes, por el clima de xenofobia, discriminación y criminalización contra los migrantes centroamericanos. Y un alcalde xenófobo de Tijuana que se quiere reelegir.

    Quizá el Presidente López Obrador requiera de expertos asesores para revisar las políticas migratorias y los estándares adoptados en el Pacto Mundial sobre Migración de la ONU, del que México fue entusiasta promotor, para aprovechar los beneficios de la migración, y proteger a los inmigrantes indocumentados, y para revisar la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, del Principio de No Devolución a su país de origen en tanto no se resuelva su solicitud de asilo.

    Sin duda, todo ello obligaría al Presidente a sancionar la deficiente actuación de las principales autoridades encargadas de atender los asuntos migratorios en el país.

    *Director de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste, AC

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