EDUCACIÓN, PALANCA PARA EL DESARROLLO




  • Una de las promesas de campaña de Andrés Manuel López Obrador fue revertir la Reforma Educativa de Enrique Peña Nieto y lo está cumpliendo. Si de lo que se trata es  de capacitar primero a los docentes antes que evaluarlos, suena razonable. Pero si la intención en hacer a los sindicatos magisteriales lo que manejen los procesos educativos y que en este caso sean juez y parte, es decir que capaciten y evalúen a los maestros, considero que será un retroceso. 
    Es un hecho que nuestro país enfrenta una cantidad importante de problemas  económicos, políticos y sociales y que ya se le ha invertido muchas horas de trabajo por parte de las autoridades, y mucho dinero de programas públicos para su solución. Es algo que se debe de reconocer a las administraciones pasadas y esperar que al nuevo gobierno le salgan bien las cosas. Sin embargo parece que no se ha tomado en cuenta se facilitará resolver estos problemas cuando tengamos un mejor nivel de educación, y al hacerlo  lograremos un desarrollo mejor del país. 
    Pero esto no significa que sobrevalore el papel de la educación, poniéndola como la varita mágica que nos proveerá de un mejor futuro. Estoy convencido de que algunos problemas, sin entrar a la discusión de que es lo que los origina, se resolverán cuando los mexicanos en general modifiquemos nuestras actitudes ante la vida, los  demás, el país y el trabajo, y esto se logrará por el efecto de la educación. Pero no me refiero a que mejoraremos si sabemos más matemáticas, o podemos memorizar los nombre de los héroes, que es  importante pero poco influirá; lo que si ayudaría más es que eleváramos el promedio de libros leídos por habitante. Pero retomando la idea principal, lo que hace más falta hace es que fortalezcamos los valores inculcados desde el hogar y reforzados en las aulas, para que tengamos una actitud diferente y podamos los ciudadanos resolver los problemas sin esperar a que la autoridad, como un padre protector nos proteja de nosotros mismos.
    En un rápido recuento, sin pretender ser excluyente, problemas como la baja productividad de algunas personas en el mundo laboral; la apatía en la participación política, la irresponsabilidad y la impuntualidad de algunos, e incluso los niveles de obesidad y sobrepeso que tenemos, que nos otorgan el nada honroso primer lugar a nivel mundial, podrán ser enfrentados mejor si los abordamos con determinación y trabajamos de manera organizada y sistemática para reforzar los valores que hagan cambiar la cultura que tenemos los mexicanos.
    Es importante explicar que algunos sociólogos entienden por cultura al conjunto de creencias, hábitos y costumbres. El concepto incluye el lenguaje y todo lo que a lo largo de nuestra vida aprendemos los seres humanos. En el caso de nuestro país, y solo por ampliar el comentario, algunos autores, como Francisco Echánove en su libro Sociología de México  (México, Editorial Porrúa 1963) afirman que entre los rasgos culturales que tenemos, como herencia del mestizaje entre aztecas y españoles, está la tendencia a festejar todo, es decir que nos encantan las fiestas; cierta religiosidad encaminada más al respeto de las tradiciones y la celebración de festividades, y el verbalismo es decir el hablar mucho y decir poco. Por otro lado en algunos ámbitos se discute sobre el nivel de corrupción existente en la cultura mexicana, ya que en algunas mediciones internacionales aparecemos cerca de naciones africanas y su combate es una de las varitas mágicas del nuevo Redentor de la Patria.
    Mi propuesta es que se continúe con las campañas para reforzar valores como la honestidad, la entrega al trabajo y el sentido de responsabilidad en todos los niveles pero sobre todo en los pequeños. El hogar es la primera instancia en donde los niños aprenden a cómo comportarse, a partir de lo que ven en sus papás. Y la educación es un instrumento muy importante para inculcar valores o reforzarlos. Los maestros, con lo que dicen y lo que hacen, se convierten en un referente para sus alumnos. Los niños y las niñas, para hablar con lenguaje de género, buscan ser como el profesor (o profesora) que por alguna razón ha causado buena impresión. Es aquí en donde los docentes de vocación, los que ingresaron por amor a su trabajo,  y no solo porque tienen muchas vacaciones, tienen ante sí un gran el reto.
    Pero además es importante que en los contenidos de la educación se inculque una actitud más agresiva hacia el cambio de mentalidad. Mas que sentirnos orgullosos por fiesteros, “jacarandosos” (cualquier cosa que signifique), debemos aspiras a ser más trabajadores, organizados y disciplinados. También debemos ratificar nuestro amor a la patria pero cambiar el concepto. Que este amor a México no se refleje solo festejando el 15 de septiembre, con gritos de Viva México en estado etílico; o que ante cualquier agresión real o supuesta otros países, queramos cantar el himno nacional tomados de la mano, viendo hacia la frontera o sacándole la lengua a todos los extranjeros. Engrandeceremos a esta tierra en la medida en la que seamos ciudadanos respetuosos y comprometidos. 
    Este es el reto. Hagamos que la educación sea una palanca para el desarrollo del país.
    *Exdiputado federal del PAN y exdirector general del Cobach BC asi como docente universitario


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