QUE ES LA POLÍTICA INTEGRAL




  • La historia del Universo y la Humanidad asciende en espiral, cada giro, quiebre o bifurcación histórica tiende a hacer volver al mismo punto pero en un plano más elevado. Como demuestra  la historia que pese a llegar a correr riesgos crecientes también ha evolucionado del homo sapiens al sapiens sapiens moderno y posmoderno. Todo tiende a acercarse a la luz, a evolucionar, el tiempo es irrepetible y de movimiento relativo. No hay orden sin un caos que ordenar ni caos sin orden que desordenar, uno alimenta al otro. Por el movimiento relativo resultante no podemos volver al mismo punto, regresamos en otro tiempo y en otro plano de realidad un poco más elevado. Debido a que, evidentemente no pudieron surgir de la oscuridad y caos total piedras, gases y de ahí plantas, animales y el cerebro humano con sus gloriosas civilizaciones sin dejar de aceptar que ha habido una evolución superior. El caos relativizó al orden que siguió dispersándose sin poder evitar arribar a algunos cúmulos de los grandes ordenamientos que ahora vemos arriba y abajo.

    De la misma evolución del Universo y la Historia, la política es profesión de ascenso luminoso cuando uno cree en lo que propone porque lo confronta con la misma realidad. Realizando un corte transversal, vista desde fuera en su totalidad la política es un maremagnum de pretensiones que aspiran imponerse unas a otras por la vía soterrada del engaño y el abuso de confianza, otras ingenuas o muy irreales que no van ni vienen, otras muy moralistas, otras muy experienciales, otras muy bien informadas, otras hasta con sistemas de demostración científica y bien difundida y explicada. El tempoespacio político es cruzado por todas las pretensiones que se entrecruzan y se miden por su duración en intrascendentes, coyunturales, mediano plazo, hasta las más trascendentes que logran instituírse o hechas ley. 

    En este contexto, es legítimo pero inmoral adjudicarse la fe y la palabra de los demás a nombre propio cuando no parte uno de la realidad de todos y no aspira a ascender, a imponer un poco mas de orden al caos incesante. Hablar a nombre de los demás es verdadero si se parte con ciencia de la realidad y se predica con el ejemplo. Un ejemplo vale más que mil palabras. Las pretensiones de mayor trascendencia son aquellas que convencen al mayor número posible y su grado de proyección y eficacia es óptima, las de menor trascendencia son las que no convencen del todo por no mostrar fuerza lógica ni silogística o por ser simulaciones ilegales o inmorales insostenibles. La claridad y demostración trascienden en sí mismas, la simulación e inmoralidad pueden trascender buen tiempo pero la claridad ética y legítima siempre les develará permaneciendo más tiempo. 

    Los seudopolíticos inmorales no soportan la luz, mientras que los líderes reales alumbran a todos con la luz de la verdad. Así, los más grandes líderes de la humanidad no han sido grandes guerreros ni poderosos como Alejandro Magno o Gengis Kan, ni manipuladores clandestinos como Rockefeller, Rothschild o Soros, han sido los más humildes de la historia como Krishna, Buda, Cristo, Sócrates, Mahoma o Ghandi quienes solo predicaron con el ejemplo y casi nada escribieron, sus discípulos maravillados escribían sobre ellos y por eso los conocemos. Frente a estos personajes que han trascendido diez mil o mas de mil años ¿quienes son Rockefeller, Rothschild, Soros, Onasis, Hughes, donde quedaron Hitler, Stalin, Pinochet?, ¿cuánto tiempo trascendieron?

    La política es ciencia y arte no engaños, mentiras y egoísmos ni lugar para ingenuos ni improvisados. Si la política maligna y degradante ya ha hecho lo suyo, llega el momento en que lo mejor es deponer, que se retiren pacíficamente y no vuelvan a insistir porque indefectiblemente serán derrotados. Pues cuando aparecen el orden y la luz los megalómanos tienen que parapetarrse en espera de nuevas oportunidades y situaciones al igual que el orden tuvo que hacerlo en su reinado.

    Cuando uno habla a nombre de todos puede ser justo y sincero pero también esconder mentira, interés personal, de grupo o simple egolatrismo, pero no hay problema porque todo esto se dirime en el consenso. La verdad política deja de ser descripción y explicación cercana a la realidad cuando sus verdades se convierten en verdades de consenso. El político  busca consenso a partir del enfrentamiento con la realidad y la disputa del consenso frente a otras verdades esgrimidas. No es político quien confunde su interés personal y de grupo con lo que le sucede a todos, tampoco lo es quien no está informado ni practica instrumentos para interpretar la realidad, tampoco lo es quien no sabe argumentar ni demuestra ni expone claramente, tampoco lo es quien no practica lo que dice. No es político quien no sabe trascender. 

    Para trascender siempre ha sido necesario plegarse a la realidad, ser siempre uno mismo reflejo fiel de la realidad, ser uno con la realidad y proyectarla. Pero ahora se agrega la integralidad pues no se debe reflejar la realidad de manera fragmentaria. La realidad es cada vez más compleja relativizando los fragmentos, por ello es necesario estar más informado del mayor número posible de ámbitos implicados. Ya no se trata solo de aislar cada causa-efecto y verla de manera estática, ahora se trata de rescatar el contexto negado que implica y produce cada efecto, recuperar el mayor número de variables alrededor de los efectos. No digo conocer toda la realidad que nunca nadie lo ha logrado, lo que propongo es ver a la realidad como un todo integrado, complejo y en movimiento. 

    Así como antes la claridad, contundencia lógica, demostración científica, buena oratoria y buen ejemplo eran suficientes para ser un verdadero político, ahora se agrega el efecto de integralidad, el de saber no solo lo que se propone sino también que hay alrededor de lo propuesto y en qué nivel o dimensión de realidad se propone. El político posmoderno es, pues, esencialmente un político integral.

    El autor es Sociólogo, egresado de la UABC, asi como filósofo y docente universitario.

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