Posmodernidad en Socialismo y Capitalismo




  • La posmodernidad llega lenta y silenciosa en forma de consumo, confort y tiempo libre. Tan sigilosa que antes de darnos cuenta ya estamos enredados entre sus encantos. Su oferta irresistible del vea pasar el mundo ante sus ojos y ordene cualquier cosa sin necesidad de moverse. A finales del siglo XIX no solo en el México Bárbaro en todo el mundo, las jornadas laborales eran de 16 horas al día u 80/semana, después de las grandes revoluciones que estremecieron al mundo a principios del siglo XX la jornada laboral se redujo a 8 horas día o 40/semana. Con las nuevas tecnologías cada vez se produce mucho más con menos horas de trabajo, desemplea más que las últimas revoluciones tecnocientíficas. Desde los ochentas se implantaron los horarios flexibles, los sindicatos defienden horas ya no plazas, debido a ello en febrero 2018 Alemania implanta la jornada laboral de 28 horas/semana. 

    La encrucijada actual es si la disminución de las horas de trabajo se mantendrá al menos con los mismos salarios sin despidos o seguirá aumentando el despido manteniendo salarios bajos como en el Neolibralismo actual. Los descubrimientos científicos seguirán al servicio del efecto embudo ascendente de la concentración de capital o por fin la ciencia liberará al humano del trabajo y del tedio. Un modelo sustentado en deprimir los mercados nacionales tomando las nuevas tecnologías como un embudo ascendente que despoja a las mayorías de su tiempo libre y dinero para comprar y usar las nuevas mercancías. El modelo neoliberal puede operar cuando las exportaciones no saturan los mercados globales. Y, esto ya sucedió, el neoliberalismo globalista no puede seguir avanzando porque deprimió los mercados nacionales que le respaldaban en pro de las trasnacionales que no encontraban competencia. Pero, al retroceder el globalismo el neoliberalismo se contrae en los mercados nacionales y regionales que antes deprimieron.

    En toda la historia de la humanidad hasta el siglo XIX predominó la producción agrícola alrededor de un 90%, a partir de la fusión de la ciencia con la industria con la laicización de las universidades aunado al crédito de mediados del siglo XIX, el campo se mecaniza causando desemplea de 25/1 mientras la naciente industria crecía. En la crisis de 1929 se reportaba igual número de puestos de trabajo en agricultura que en industria. En 1960 por primera vez en la historia la industria pasó a ocupar el 50%, agricultura 30% y servicios 20% del PEA (población económicamente activa) Y, tan solo cincuenta años después, en 2010, el 3% trabaja en campos y minas muy automatizados que producen alimentos para toda la población y materias primas para la industria, el 7% son antiguos obreros de fábricas y el 90% pertenece al sector de productores de informática que ya engulló casi todo el sector servicios y de administración pública y privada. 

    Las cosas han cambiado diametralmente en el último medio siglo. Apenas las fábricas se entronaban sobre milenios de agricultura en 1960 y cincuenta años después son reducidas a apéndices de la informática. Algo análogo sucede con el consumo, hace medio siglo era más importante producir ahora es mas importante consumir, pues la mayor parte del salario se destinaba a comida y productos maquilados ahora del 60 al 80% se dedica a la compra de hardwares y softwares ciberespaciales.
       
    El capitalismo moderno surge de la fusión de la ciencia con la industria abanderada por los protestantes liberales del siglo XIX, Max Weber creía que solo la ética protestante podría prohijar el ascetismo necesario para el ahorro, innovación y conocimiento que originó la acumulación de capital más álgida de la historia. Pero fueron los budistas asiáticos quienes vinieron a dar cátedra de ahorro, innovación y trabajo desenfrenado capaz de llevar al capitalismo a dinámicas todavía más álgidas. Y son los primeros además en abrazar el posmodernismo, en abrirse a toda moda a todo lo nuevo hasta hacerlo desvanecer en el aire. En cambio, el surgimiento y consolidación del socialismo comunista y científico, durante todo el siglo XX tuvo que enfrentar miles de guerras y batallas que finalmente ganaron pero poco a poco y luego perdieron ante el avance inexorable del posmodernismo. 

    La apertura de todos los países socialistas a la propiedad privada, la concentración de capital y al posmodernismo significa que ya no son del todo socialistas pero es indudable que siguen teniendo un gobierno socialista centralizado, que se ha dado en llamar Socialismo de Mercado o Capitalismo de Estado. Mientras que en los países capitalistas, el derrumbe financiero neoliberal y el posmodernismo con sus robots y realidad virtual, anuncian el fin de la modernidad.

    Y, ¿qué es el posmodernismo? No lo sabemos, sus teóricos son muy imprecisos, no han logrado dilucidar finalmente si es una era posterior y esencialmente distinta del capitalismo moderno o solo una etapa ulterior de la misma modernidad. Lo único que sabemos que la modernidad es el culto a lo nuevo que implica ser diferente pues lo repetitivo es igual y solo la diferencia produce lo nuevo. Mientras que en la posmodernidad el culto a la diferencia produce tanta novedad que la gloria eterna de la novedad moderna termina en un minuto de gloria. La novedad ya no llegó para quedarse, la posmodernidad le vuelve cotidiana. En la producción en serie hacer lo mismo era la norma, en la producción de informática hacer lo mismo es un fraude y solo lo diferente se vende. Se realizan los mas grandes esfuerzos en ser diferentes pues en una cultura de educación y entretenimiento lo que se vende y compite es lo que es diferente, que es lo nuevo. Pero la búsqueda continua de la diferencia no puede ser, es necesario convivir también con la rutina, el enfado y la indiferencia. En la posmodernidad la competencia es cada vez mas atroz y sofisticada, toda gira alrededor de la educación.  

    La exigencia de vender nuestra diferencia es cada vez mayor y exige cada vez mas ambientes de libertad, creatividad y conocimiento. La posmodernidad es la sociedad del conocimiento que exige cada vez mas preparación y versatilidad. El viejo formato del obrero y profesionistas departamentalizado dedicados toda su vida a los mismos saberes y movimientos repetitivos se acabó, hoy es el profesionista versátil y creativo dispuesto siempre a innovar. La cibernética y los aceleradores de partículas implosionan a la modernidad con mayor ocio y consumo que alimentos y manufacturas. 

    En 1960 las fábricas de producción en serie tenían ocupada el 50% de la población en edad de trabajar, mientras el campo ocupaba el 30% y servicios el 20% restante. Hoy, en 2018 las fábricas cada vez mas robotizadas solo ocupan el 7% de la población en edad de trabajar (PEA), el campo también ya muy automatizado el 3% y el viejo sector servicios profesionales se ha reducido a un 10% para dar paso a un ejército nuevo de técnicos y profesionales de la creatividad y la diferencia armados en redes digitales y todo tipo de gadget tecnológico nuevo. Muere el culto a la igualdad, la moda y repetición de la producción en serie, mientras nace el culto a ser diferente o mejor morir. Con tantas diferencias la posmodernidad se vuelve indiferente. La muerte del glamour y los grandes personajes dan paso a la indiferencia infeliz y el minuto de gloria, el superman de la modernidad abre paso al hombre común que mas que nada quiere compartir, intercambiar, comunicarse desaforadamente haciendo vanas las diferencias y los momentos de gloria.  

    Cuando el viejo Marx en su Composición Orgánica de Capital descubre que existe una ligera tendencia creciente a suplantar el trabajo vivo por el trabajo muerto (máquinas), jamás imaginó que en el siglo XXI existirían fábricas sin obreros. En este 2018, los robots desplazan al humano de la producción en serie, aún no son capaces de ser diferentes, no pueden pensar pero dentro de 10 o 15 años lograrán la autoreflexión y en veinte años serán capaces de gobernar.

    Raul Corral Quintero 
    Anahuacalli, 9 diciembre 2018

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