SIN TAPUJOS. ¿A QUIEN LE DAN PAN QUE LLORE?




  • Por delante comentarle al estimado lector que sigo pensando en dos bandos generales en relación a nuestro Presidente López; el bando de “Los R”, por realistas, que opinan que este arroz ya se coció y vamos volando hacia otra Venezuela, y por el otro, “Los I“, por idealistas (algunos opinan que por ilusos) bando al que me honro en pertenecer.

    Comenté en mi pasada colaboración que de un grupo de diez amigos, estamos cuatro en el bando de “Los I” y seis en el bando de “Los R”. Obviamente, los que tenemos esperanzas de que AMLO tenga reversa en su carro de actividades, somos clara minoría. Voy a hacer otra auscultación para ver cómo van ahora que ya tomó posesión. Por mi parte, me mantengo firme en el bando de “Los I”. Sostengo mis esperanzas de que las cosas van a salir bien.

    Como tal vez lo hiciste tú, estimado lector, el pasado sábado me “achilillé” por dos horas por la mañana y otras tantas por la tarde con el propósito de ver por TV la ceremonia del cambio de poderes. Con cierta preocupación escuche dos larguísimos discursos que me parecieron muy al estilo de los del cubano Fidel Castro y el venezolano César Chávez, quienes eran fanáticos de escuchar su propia voz, estilo muy del agrado de otros dictadores como Hitler y Stalin que cojeaban del mismo pie.

    Decirte que al final de este ejercicio de paciencia me sentí muy desanimado con el tremendo yoyo del Presidente López y su larga e injusta crítica al sistema neoliberal de los últimos 30 años. También me quedó muy claro que nuestro nuevo Presidente quiere volver 50 o 60 años atrás y tener todo el poder a través de la gobernabilidad que le dan los 30 millones de votos obtenidos, mayoría en las dos cámaras y una influencia notable en las grandes masas que lo apoyan en forma clara y a veces delirante pues algunos no lo ven como Presidente, sino casi como a un Dios.

    Me quedó muy claro en esas casi cuatro horas de discursos, que su plan de gobierno lo está armando para dar, dar y más dar. Prácticamente comprando a la gente, encantada de que le regalen dinero, aplaudiendo cada frase, cada pausa teatral.

    Pues a fin de cuentas ¿Quién se va a oponer a que le den una beca o una pensión? El ejemplo más claro de esta situación, muy humana por cierto, es la gran cantidad de señoras y maestros jubilados que están solicitando el apoyo para los mayores de 65 años, llenando  solicitudes y esperando se las aprueben. Obviamente que cuando les entreguen la primera cantidad pasarán automáticamente a las filas de los que ”adoran” al nuevo Presidente Santoclós ¿A quién le dan pan que llore?

    En sus dos discursos al Presidente López no le escuché hablar de trabajo, de esfuerzo, ni de estudio. Solo se refirió a las promesas para que la gente extienda su mano y recibir, tal y como se hizo en los gobiernos populistas de Cárdenas, Echeverría y López Portillo, continuados por Fox y Calderón que siguieron el ejemplo, y rematados por Peña. Claro, entiendo perfectamente que se trataba de combatir la pobreza: Un mal necesario por la terrible desigualdad.

    Pero lo que AMLO está proponiendo ahora se sublima. Becas a 2 millones 300 mil jóvenes aprendices con 3 mil 600 pesos mensuales; 10 millones de becas escolares; La creación de 100 universidades públicas; Aumentar al doble los apoyos a adultos mayores y hacerlos universales; Apoyo similar a quien sufra de alguna discapacidad; Créditos a la palabra; Subsidios, y algo que me llamó mucho la atención y fue un fracaso en el pasado, precios de garantía al campo. Todo sin aumentar impuestos y sin hacer crecer el déficit y la deuda. Imposible.

    Estos compromisos, más las refinerías, el tren Maya, reubicación de secretarías, aeropuerto y demás ofrecimientos que suman montañas de dinero, me parecen irrealizables y peligrosos. Generando expectativas enormes, que de no cumplirse, le provocarán graves reacciones contrarias.

    Pero hasta ahorita solo son discursos. Sigo confiando en que la realidad y los contrapesos provoquen reversas a malas decisiones y populismo. Que funcione la curva de aprendizaje. Por otra parte, es un hecho que AMLO tiene dos cosas para mí muy importantes: Su austeridad inobjetable y su promesa, repetidísima, de combate a la corrupción. Así que aunque me llamen iluso, le sigo concediendo, hasta el momento, el beneficio de la duda. 

    (*) El autor, 79 años, ingeniero agrónomo. Comentarios a: togomez39@gmail.com

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