RESPUESTA AL CONSEJO COORDINADOR EMPRESARIAL DE BC





  • “Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos  

    por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido  

    al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión” 

    Preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos 

    La Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) reconoce la universalidad de los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales, así como la lucha de los pueblos por las libertades y la justicia social. Para ello, establece que cada nación debe disponer en su legislación interna la protección a los derechos humanos. 

    Obedeciendo a ello, la Constitución mexicana incorpora en los artículos 1 al 29 el Capítulo “De los Derechos Humanos y sus Garantías”. En particular, el artículo 9º versa sobre los derechos de reunión y asociación pacífica, de petición y de protesta a las autoridades (también llamada “Desobediencia Civil”), siempre y cuando, dice, “no se hiciere uso de violencias o amenazas para intimidarla u obligarla a resolver en el sentido que se desee”.  

    Y el artículo 39 es contundente: “La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno.” 

    Se entiende que cuando los grupos sociales recurren a violencias para la satisfacción de sus demandas, el Estado, a través de la fuerza pública (no militar), debe intervenir aplicando estrictamente la ley y los estándares adoptados por la ONU en materia de control y uso de la fuerza, para el debido respeto a los derechos de las personas detenidas. Sobrepasarse mediante la represión, como suele suceder, irremediablemente viola derechos humanos. 

    En la vasta literatura sobre el derecho a la Desobediencia Civil, se establece que toda protesta social tiene su origen en violaciones a los derechos humanos, en la llamada Violencia Institucional. Las protestas y resistencias civiles de los grupos sociales no nacen espontáneamente y no son producto de mentes que buscan desestabilizar a las instituciones del Estado. 


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