A PROPÓSITO DE LOS PUENTES Y EL OCIO




  • Hace poco celebramos el Día del Trabajo con el aspecto curioso de que es inhábil, es decir que no se trabaja y como fue martes,  en algunas empresas y dependencias públicas, sobre todo en la Ciudad de México, hicieron el famoso puente, es decir suspendieron labores el lunes para tener un fin de semana largo. 
    Esto me recuerda que durante muchos años se le atribuyó a la palabra ocio una connotación negativa,  al vincularla con los vicios, sin embargo para las Ciencias Sociales el  concepto se asocia con las actividades que realizan las personas durante su tiempo libre,  ya descansar,  o buscar la superación personal.
    Hace algunos años se modificó  la Ley Federal del Trabajo para que el descanso del 5 de febrero, del  21 de marzo y del 20 de noviembre se celebre el lunes anterior. Con esto se busca crear tres fines de semana largos que favorezcan a la industria turística y evitar que si esos días festivos caen entre semana,   no se perdiera más de un día por los llamados puentes.
    El ocio y los días festivos nos propician añorar los muy famosos puentes pero también reflexionar sobre la necesidad de crear una nueva mentalidad que propicie la  productividad.
    Los puentes, es decir  el suspender labores más de un día laborable,  ha sido una tradición muy popular en nuestro país, sobre todo en la meseta   central y en algunos gremios,  como los escolares y en la burocracia. Sin embargo ha habido una controversia entre quienes afirman que este país necesita trabajar más,  y quienes resaltan la importancia de que todos tengamos  tiempo libre para actividades de desarrollo personal y fortalecimiento de los lazos familiares. 
    Ambas  posturas tienen argumentos razonables. Coincido con los  “doctores en puentes”, que por cierto hay muchos,  que es necesario hacerle caso a los especialistas en administración en aquello de que  las jornadas de trabajo no deben de exceder las 8 horas por día, o un promedio semanal  y que las vacaciones son indispensables. Es por ello que  en algunas empresas  los adictos al trabajo, o  workohólicos, si se permite el anglicismo,  son  vistos como sujetos a alguna terapia. 
    En el otro lado de la discusión hay quienes afirman que la única forma de generar riqueza es con el trabajo y el  fomentar  creación de empleos es  una de las grandes acciones que puede hacer un gobierno por su pueblo. También se considera que el tener un empleo es un  mecanismo de superación personal y la mejor forma de que una familia acceda a otros satisfactores como educación y salud. 
    Dicen los expertos que si bien es cierto que tenemos más días festivos que ciertos países, hay  otros que nos superan con mucho. Una alternativa para reconciliar  a las partes en disputa es revisar la cantidad de  días festivos que tenemos, para eliminar algunos, cambiar otros a domingo y otros a lunes o viernes para hacer fines de semana largos. Fechas como el día del maestro, de la madre, del niño podrían modificarse y otras hasta suprimirse, a menos de que alguien  opine que por el contrario permanezcan y además sostenga que en aras de la buena vecindad y un espíritu del Tratado de Libre Comercio, si sobrevive a las locuras del Presidente Trump,  incorporemos las fechas festivas de los norteamericanos y canadienses.
    No se puede dejar de mencionar que mientras los chilangos parecen fanáticos de los puentes, y los necesitan para compensar el ritmo de vida frenético que llevan por las distancias y el tráfico, en Baja California algunos de ellos casi pasan desapercibidos como el de muertos y otros.
    El autor ha sido diputado federal por el PAN, académico y director general del Cobach en BC

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