NUESTRA FINCA QUE MIRABA SOBRE EL RIO. CAPÍTULO XXXIV




  • De haber tenido ánimo el maestro Luciano, para asistir a la despedida popular que intentaban ofrecerle, luego que las autodefensas lo trajeron de la zona alteña donde lo protegieron tras el cruento rescate, pudo haber sentido el aprecio en que lo tenían por haber recuperado el estudio topográfico, piedra de toque para convertir las tierras de temporal en tierras de regadío, estudio realizado por los jóvenes ingenieros acusados de ser miembros de la Liga 23 de Septiembre, luego que cayeron acribillados en una emboscada de las fuerzas del gobierno.

    Las autodefensas lo trajeron a altas horas de la noche a la finca que miraba sobre el río, con la decisión de tomar su vehículo cuanto antes, pero pasaría largas horas afinando el motor, más los preparativos del modesto equipaje que llevaría, por lo que ojos enemigos bien pudieron observarlo y avisar a las fuerzas policiacas del Gobierno. Pero lo que allí menos deseaban era que se calentara el terreno, por eso le propusieron trasladarlo con todo y vehículo hasta Navojoa, más él se opuso, debido a que tenía atisbos de desconfianza con todos y sin embargo ¡cómo le dolía dejar aquella finca cuya mejor vista daba sobre el lecho por ahora seco del río. Era un sentimiento de pérdida que lo avasallaba. La buena mujer del matrimonio que se a comedió a servirlo le suplicó que  antes de partir comiera aunque fuera un poco de dulce de calabaza que le preparó con un vaso de leche, pero nada podía hacer pasar por su gaznate. Ahí estaba la propietaria María del Sagrario a quien ahora tanto le podía  que él no hubiera alcanzado sus metas a través de su labor pictórica. Cuando por fin montó en la motocicleta un día después, convencido que la afinación del motor había quedado a punto, la luz del alba dejaba ver el verde titilante de las hojas de los altos álamos del río, aunque desde la finca no podían verse los barandales del puente. El sol se estaba anunciando en la parte baja del horizonte, tras la silueta de los árboles y él pensó que debía partir, muy de acuerdo a su viejo propósito que se apoderaba de su ánimo siempre que iba agarrar camino, de buscar que el día le rindiera en las primeras horas.

    Partió y sus amigos en breves minutos dejaron de verlo, precisamente donde doblaba el camino  para subir el puente del río. Al atravesarlo divisó que avanzaba a su encuentro, a no más de cincuenta metros, el vehículo de la doctora Marina, escoltada por una camioneta que llevaba en su caja al menos una decena de hombres ensombrerados. Antes de que los vehículos se cruzaran, ella detuvo el suyo sin orillarse, esperándolo. El vehículo que escoltaba a la doctora también se detuvo pero fuera del camino. Ni aun cuando los tuvo más cerca el maestro Luciano pudo cerciorarse si llevaban armas, y si las llevaban consigo al menos no las iban exhibiendo.

    ----- ¿Para dónde va tan temprano y apurado, mi querido maestro? ---- le preguntó ella con una gran sonrisa. No disimuló la alegría que le producía encontrarlo. En cambio, él se sintió expuesto ante la cercanía de los hombres que iban en el otro vehículo.

    ----- ¿Por qué vienen contigo? ¿Vienen contigo? --- le preguntó, preocupado y alerta.

    ----- Vienen con mi amigo. Vamos a revisar un rancho con caballerizas y taste que me venden de  oportunidad.---- dijo ella. El hombre, septuagenario y grueso, saludó al maestro, llevándose una mano al ala del blanco sombrero, de factura cara, a diferencia de los que llevaban los individuos que iban en la camioneta, que eran de palma.

    ----- Tanto gusto – contestó el maestro Luciano. Luego añadió, dirigiéndose sólo a la doctora Marina: ---- Pronto me comunicaré contigo. Tengo que irme.

    Entonces ella borró de su rostro la sonrisa original y se bajó rápidamente del vehículo, como si no diera crédito a que él no tuviera unos instantes para saludarla. Vestía, como era su costumbre, ropas de buena marca y plenas de colorido. No era una persona que se viera afectada por la falta de recursos.

    ----- Quiero que me atiendas brevemente. Tengo derecho a que me escuches, creo. Cuando me mandaste llamar con aquella muchacha estudiante amiga tuya,  me localizó hasta el día siguiente, cuando ya otros amigos te habían rescatado. Yo te hubiera ayudado de otra forma, incluso hablado con el Procurador y si hubiera sido necesario hasta con el Gobernador de Sinaloa, pero no te hubiera dejado encerrado. Para aumento de mis preocupaciones, después no supe más de ti.

    ----- Te agradezco tus buenas intenciones. Hablaremos más tarde.

    Parecía que ella no tenía más que decirle y alargó una mano para tocar partes de la moto. Descubrió entre los envoltorios una frazada envuelta con mucho cuidado para que ocupara el menor

     espacio. Entonces reaccionó:

    ----- A mí no me  mientas, Luciano. No vas a dar una vuelta por ahí si no que emprendes un viaje de tirada larga. De lo contrario no llevarías tanto equipo. No hay ninguna necesidad de que me mientas. Dime la verdad. Ya no te volveré a ver más.

    ----- Estas equivocada. Nos veremos pronto ---- dijo él, sin ninguna convicción.

    ----- Mira, Luciano, si vas de retirada, dímelo de una vez. De lo que pasó con nosotros no he podido reponerme, por lo que sigo aferrada a la idea de que pudiéramos volver. Te dejé vivir libre para que recapacitaras y ya vez en los errores que te metieron tus amigos. Tú lugar está conmigo. ¿Es muy difícil que te des cuenta

    Antes de continuar, de pronto se dio la vuelta sobre sí y dijo al hombre que iba en el asiento del copiloto de su vehículo: --- Don Ramón, me da mucha pena con usted pero le voy a quedar mal. Se me presentó un problema con este hombre que necesito arreglar ahora mismo. Dejaremos para otro día la ida a conocer ese ranchito.

    ----- Sabremos esperar, doctora ---- contestó el hombre desde adentro del vehículo.

    Entonces desde allá arriba de la camioneta un hombre con actitud de entrometido salto al arenoso suelo y caminó hacia la doctora.

    ----- ¿Qué problema? ¿Tiene algún problema, doctora?

    ----- No, Fabián --- le contestó la doctora Marina, haciéndole un ademán de que se volviera a subir a la camioneta y no causara problemas. Él miraba con insolencia la cara al maestro Luciano.

    De pronto apareció entre un hueco que dejaba los álamos al lado la marcha irregular de un vehículo buscando salir al camino La plataforma trasera tenía redilas de madera, donde trasladaban parados a una decena de hombres.

    Quien conducía resultó viejo conocido de la doctora Marina. Entre los primeros hombres que estaban en la caja de la camioneta hubo un movimiento de reacomodo en las posiciones. Pareció que también los hombres de ambos grupos eran conocidos pero no mostraron disposición para saludarse. El conductor de la camioneta de redilas cuando salió al arenoso camino  la estacionó al frente del vehículo de la doctora.

    ----- ¿Qué estás haciendo tú, Marina con el maestro socialista?

    ----- El es mi nueva pareja ---- dijo ella, jactanciosa.

    ----- Pues parece que ya se te cansó y quiere irse. ¿A este de qué lo despojaras? ¿De la motocicleta?

    En estos términos, ya con los pies en tierra, se aproximó hasta los dos  y extendió la mano primero a ella, que se lo dio con ánimo de que se retirara y luego se presentó ante el maestro.

     

    ----- No va a creérmelo, pero quería conocerlo desde que abrió esa escuela para los hijos de mis jornaleros. Si no me acerqué es porque no quería verle la cara a ese bribón del rector.  Mi nombre es Martiniano Tresguerras, productor y exportador de frutas, al que sus amigos de la otra banda de cacique no lo bajan. Me dio gusto enterarme que localizó los planos topográficos para poder incorporar esas tierras a la agricultura de riego. A ver a quien acusarán ahora si continúan en el atraso.

    ----- Esos planos los encontré accidentalmente, revisando unas cajas llenas de papeles que se irían a la basura.

    ----- Eso dice mucho de la persona valiosa que es usted. Cualquier otro tira esos papeles sin verlos. Ahora ¿Por qué se va si aquí se le quiere bien, según estoy informado? En cualquier retén policiaco para usted todavía hay peligro. No piense que al gobierno ya se le olvidó como lo rescataron sus amigos junto con el choricero. Ahí en la otra banda las policías no se van a meter, al menos por mucho tiempo.

    ----- Martiniano dice bien, Luciano. ---- afirmó la doctora Marina.

    ------ Gracias por sus buenas intenciones ---- dijo el maestro Luciano.

    ----- Y discúlpenme si expreso lo que veo, pero me interesa la tranquilidad de esta zona. Ahora que también las autodefensas deben bajarle a sus radicalismos. Apenas la semana pasada un convoy del Ejército que necesitaba cruzar hacia los altos, fue frenado por los vecinos y tras decirle sus cosas, los obligaron a retroceder. En otra Entidad más primitiva, como Guerrero o Michoacán, hubiera habido un baño de sangre. Afortunadamente estamos en Sinaloa y el coronel con el mando no aceptó las provocaciones. En este estado de cosas, usted puede ser de mucho beneficio. Si se queda, búsqueme algún día para platicar sobre un proyecto de escuela que tengo para los hijos de mis trabajadores, pero yo si pago, no como ese bribón del rector que a varios de la región estuvo exprimiéndonos para la Universidad y ahora tiene a los estudiantes sin alimentos en los comedores y durmiendo en el suelo. El único que sigue dándole crédito es mi compadre Humberto Galaviz, pero está muy grave, con ese cáncer tan avanzado que se le declaró. Entonces veremos qué es lo que hará con su Universidad cuando se le vaya ese horcón del medio que es mi compadre Galaviz.

    Al escuchar hablar a este hombre, del que siempre tuvo referencias en un marco de misterio y peligro, al maestro Luciano le parecía paradójico  que en el instante de su partida, venía a conocer otra versión, que de alguna forma enriquecía la visión que pudo haber tenido de los acontecimientos que le tocó vivir, en esa tierra donde no alcanzó ni sustento ni reconocimiento. Y tanto más revelador le parecía porque él se había desesperado mucho ente la callada actitud de quienes pudieron ser sus interlocutores y guardaron silencio sobre las probables causas de por qué se desarrollaron los acontecimientos de una manera evidentemente torcida, teniendo que pagar un alto precio en privaciones y dolor. ¡Qué difícil es conocer la naturaleza del momento que se vive si no se tienen los suficientes puntos de vista, y no por esto la realidad  deja de cobrar un costo en sufrimiento y malestar! La visión que el maestro Luciano tenía de este hombre que hablaba sin tapujos la tenía muy clara en su memoria, desde que uno de sus alumnos  le contó que  luego de una jornada en la que recibió una paga incompleta, al ir a reclamarle, le tiró el resto del dinero sobre la cara y le dijo que no quería verlo más, puesto que no había aceptado dejar depósito en un fondo de ahorro. Como el estudiante llevara el incidente ante el rector, este le dijo que mejor dejara las cosas como estaban, ya que si no se metía con los caciques del valle iba a salir ganando y se negó a interceder para que el chico recuperara el trabajo. Al tiempo, el estudiante abandonó su carrera por falta de recursos.

    ------ Bueno, Marina, me dio gusto verte y poder saludarte. Sabes que te deseo lo mejor. Espero que el barco lo sepas aprovechar…

    ------ Que te vaya bien, Martiniano --- dijo ella, de pronto ---- Gracias por detenerte a saludarme.

    ------- Y me vas agradecer que me detuve. Mira quienes vienen por aquí.

    La doctora Marina giró la cabeza unos cuantos grados y vio la patrulla de los tres acostumbrados vehículos de la Policía Preventiva del Estado. En los tres vehículos venían no menos de veinte elementos, fuertemente armados y con los rostros cubiertos. De inmediato reconocieron al productor y exportador de frutas. El conductor del vehículo delantero lo saludo respetuosamente:

    ----- Buenos días, patrón. Buenos días, señora.

    ----- Buenos días --- contestó don Martiniano ---- ¿Alguna novedad, muchachos?

    ----- Lo que cuente, patrón. Todo ha estado muy calmado. ¡Va empezando el día!

    ----- Nos detuvimos un rato a platicar con viejos amigos ----- dijo el productor de frutas.

    ------ Pues que bueno, la vida no ha de ser puro trabajo, ¿o sí?

    ------ Dicen que el trabajo ennoblece y yo digo que también envejece, por eso hay que tomarse sus descansos. Pero ya vamos a las huertas. A ver qué día me visitan para que se traigan un saco de naranjas para sus niños.

    Ambos soltaron la risa.

    ----- No pasarán muchos días sin que vayamos por esas naranjas tan grandes que apenas caben en la palma de la mano.

    ----- Gracias adiós que cada año se dan más bonitas.

    ----- ¡Adiós, pues, patrón! Adiós, señora.

    Y los tres vehículos repletos de agentes siguieron adelante, pero antes de subir al puente, doblaron hacia la derecha, entrando a una brecha que llevaba a la Comunidad.

    ------ ¡Ahora si me retiro! ---- dijo el productor y exportador de frutas.

    Tras que también se fue llevando a sus hombres, la doctora Marina le comentó al maestro Luciano:

    ------ La suerte te sigue socorriendo, después de todo. En cambio a mí, ¿sabías que se murió mi padre?

    ------ ¿Cómo?

     ----- Padecía de las coronarias. Ahora tengo sola la casa en la Comunidad. Si tú quisieras….

    ----- Lamento lo de tu padre y te acompaño en tus sentimientos. Las semanas que estuve en los altos me desconecté del mundo….

    ----- Entonces qué ¿siempre te vas a ir? Si lo haces es como si me dejaras….

     ----- Si me quedo yo no te puedo prometer nada, Marina…

    ----- Si no te vas al menos será un consuelo muy grande para mí saber que estas cerca. Quédate viviendo en la otra banda del río y tendrás más tiempo para recapacitar sobre lo nuestro y cuando quieras podré ayudarte.

    ----- Me quedaré, déjame prender la motocicleta y dar una vuelta en u, pero por favor tú y esos hombres no se muevan hasta que haya cruzado el puente.

    Hizo lo que le pedía y se separaron sin poder darse siquiera un abrazo de despedida. Por lo demás, no tardó ni tres minutos en subir el viejo puente y cuando de nuevo divisó la finca que lo seguía haciendo soñar como la primera vez que la descubrió el corazón le palpitó a otro ritmo

    Tras este inesperado retorno, disfrutó de una etapa de relativa tranquilidad, aunque con escasos medios, rebasando algunos límites que hasta entonces nunca pudo siquiera aproximarse, en el arte de la pintura. Luego sufrió las consecuencias del movimiento suscitado para cambiar las tierras de temporal a tierras de regadío.

     

    Continuará…

     


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