SIN TAPUJOS. Inseguridad y ostentación II





  • Le comentaba la semana pasada, estimado lector, acerca de la creciente inseguridad que padecemos y al hecho de que ya no tenemos privacidad ni siquiera en nuestras casas, pues habría que recordar es indispensable utilizar los servicios de jardineros, sirvientas, mozos, plomeros o albañiles. Todos, “armados” de ojos, oídos y celulares, obviamente con las honorables excepciones.
    Por otra parte es también un hecho que la ostentación forma parte importante de nuestro “llamado” a la inseguridad. El ejemplo más claro son las casas que “brillan” entre las demás, ya sea por su tamaño, por sus adornos exteriores o por sus vehículos, estacionados al frente o guardados en sus cocheras, pero que pueden ser vistos, admirados o envidiados por hambrientos de dinero y ganas de tener esos vehículos de lujo, deportivos, convertibles, motocicletas.
    Habría que pensar en que esa riqueza exhibida es como un foco gigantesco que atrae toda clase de insectos, que además de a los “malandros”, puede jalar a otros tal vez más peligrosos, como el SAT, la famosa “Lolita”, que también anda hambrienta de billetes y en busca de “signos de riqueza” para recabar impuestos o “mordidas”.
    Y por supuesto, la información de nuestras casas, que además de llegar a los ladrones de siempre, también a maleantes de “alta escuela”, bien preparados con tecnología (el internet resuelve casi cualquier duda que se tenga) para realizar sus fechorías bien armados, no de pistolas o de cuchillos, sino de conocimiento para abrir puertas de casas, vehículos, cajas fuertes y lo que se les atraviese.
    Y no solo en las colonias de clase media alta hay este tipo de casas que “brillan”, que atraen, las he visto en muchos de los barrios humildes y colonias de la ciudad, incluso en el Valle de Mexicali y en La Rumorosa existen esas formas de vivir donde se ostenta la riqueza.
    Situación que por cierto ha existido desde que el mundo es mundo, ya ve usted por ejemplo los castillos europeos donde vivían los ricos de la comarca. Pues ahora es igual, aunque en otros niveles, ya no son castillos, son mansiones. Lo que quiero señalar es la clarísima diferencia de clases, la riqueza que se demuestra con casas que, repito, “brillan” atrayendo a los malandrines.
    El problema se agrava con la gran impunidad que padecemos, ya sea por corrupción o simplemente porque ya hay tanto delito que no se pueden atender, es decir, la demanda de policías está rebasada por la oferta de delincuencia.
    Mi intención es apelar a su conciencia y advertir del riesgo, reflexionar en que ya no vivimos en una caja cerrada, sin ventanas ni rendijas. Ahora estamos, aunque no queramos, en una especie de escaparate, a la vista de todos.
    Gracias a las comunicaciones ya no hay donde esconderse que no lo saquen de alguna forma. Me parece, estimado lector, que no tiene caso hacerle al avestruz, metiendo la cabeza en la tierra y dejando las nalgas de fuera.
    Habría que tener moderación con el ego triunfalista, bajar el perfil y meterle freno a gastar y gastar, recordar, como me decía mi padre, que hay que “mirar hacia abajo de vez en cuando”, apreciar a tanta, tantísima gente humilde y necesitada que nos rodea, a no lastimarlos con ostentación de riqueza. No se vale.
    Cuidar de no provocarlos exhibiendo lujos excesivos que causen envidia y alienten frases como la escuchada a raíz del asalto a la casa de mis amigos que le platiqué la semana pasada:” ¿Que le robaron a Fulanito de tal? qué bueno ¡Quien le manda tener tanta lana! ”

    (*) El autor, 78 años, ingeniero agrónomo. Entomólogo algodonero Valle de Mexicali (1963-64). Agricultor 20 años Caborca (1971-94). En Sonora y BC directivo industria Plaguicidas 22 años y 8 en la industria Editorial. En Mexicali, Director Nutrimex (2011-14) (email: togomez39@gmail.com)

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