TRANSICIONES. EL REGRESO




  • No recuerdo otra ocasión cuando la designación de quien sería el candidato a la Presidencia de la República por el PRI fuera totalmente predecible. Por eso este lunes 27 de noviembre muy pocos se sorprendieron del anuncio que hizo el presidente Enrique Peña Nieto de que aceptaba la renuncia a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público de José Antonio Meade Kuribreña. Sólo se trataba de la confirmación de un destape anunciado. De ahí el ex secretario se fue a recorrer la sede de los sectores del PRI y a inscribirse como el precandidato (oficial) a la Presidencia.
                De pronto sentí como si el tiempo no hubiera pasado en nuestro país: todo se había consumado. La cargada como antaño, las mantas ya preparadas y en espera de que el personaje llegara a la sede obrera o campesina o popular. Desde 1988 no sentía con tanta nitidez la tradición y el simbolismo priista. En aquella ocasión Miguel de la Madrid destapó a Carlos Salinas de Gortari. El personaje de siempre, el que se aparece de manera casual antes de algún acontecimiento importante: en esta ocasión no fue la excepción, el fin de semana hizo un recorrido por las principales planas de los periódicos y noticieros nacionales.
                El ritual del destape a la vieja usanza regresó. Atrás quedó la historia de la sucesión bajo los dos gobiernos panistas. Vicente Fox Quesada no pudo designar a su delfín, Santiago Creel Miranda y tuvo que conformarse con la candidatura de Felipe Calderón Hinojosa. A su vez éste, quiso impulsar a Ernesto Cordero y no le fue posible, los panistas designaron a Josefina Vázquez Mota. Enrique Peña Nieto si revivió el ritual de decidir quién podría ser su sucesor.
    La gran paradoja es que Peña Nieto no pudo designar a un allegado, o lo que es más importante, a un militante priista. En la historia de este partido, es la primera ocasión en lo que ello ocurre. Ni Aurelio Nuño, Miguel Ángel Osorio Chong o Luis Videgaray tenían oportunidad de ganar la elección. Se tuvo que decidir por alguien ajeno a la vida de su partido pero por ello a quien con una buena estrategia de marketing político se le puede convertir en un candidato competitivo. Alguien que incluso pueda sumar votos del panismo inconforme con la idea de que el PAN participe aliado del PRD o de Movimiento Ciudadano. Meade fue secretario de Hacienda en el gobierno de Felipe Calderón. Nadie cercano al grupo Atlacomulco salió beneficiado con el destape de Meade. No es noticia menor; la tradición establece que el poder no se comparte, pero al delegarlo a alguien lejano, se traduce en  una especie de derrota para el grupo.
    Difícil encrucijada para Meade; será candidato por un partido donde nunca ha militado. Le debe la designación a Enrique Peña Nieto quien espera un trato deferente durante la precampaña y la campaña. Pero para tener posibilidades de ganar deberá marcar distancias con su predecesor. Será candidato externo justamente por el desprestigio priista. Para ganar debe ser el candidato crítico de las políticas peñistas. No creo que lo haga, pero por ese camino irá directo a la derrota.
    Pese a la disciplina, muchos militantes estarán descontentos con la designación de alguien que no es de los suyos. Ahí están Yvonne Ortega o Manlio Fabio Beltrones, para mencionar a dos personajes que cuentan con seguidores. Desde luego si Meade pierde la elección todos se le irán a la yugular a Peña Nieto. Será sometido a una crítica feroz, por decir lo menos. Es un riesgo muy alto que está corriendo el presidente. Sin embargo, la pregunta es si tenía otra opción para tratar de ganar la elección.
    Este lunes fuimos testigos del regreso del ritual priista de la sucesión presidencial. Nunca había escuchado aplausos tan prolongados para alguien que sólo renunciaba a una secretaría de Estado. Fueron tres ovaciones que siguieron a las alabanzas presidenciales. Me sentí en otros tiempos; pero a la vez me parecía una escena surrealista: el priismo rendido ante el aspirante externo, ante quien, de ganar, se encargará de expulsarlos del poder. La paradoja de la política inmediatista: el no apostar por el futuro.
     
     

    [1] Director del Departamento de Estudios de Administración Pública de El Colegio de la Frontera Norte. Correo electrónico: victorae@colef.mx. Twitter: @victorespinoza_

                  Página WEB; www.victoralejandroespinoza.com 

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