Estado Moderno, Estado Posmoderno




  • Toda historia posee un origen o «razón fundante» de la cual emerge, surge de un cierto momento del holoflujo social que en su conjunto caótico dispersa diversos ordenamientos tangenciales proyectados hacia las fronteras de lo posible, en afán constante de articulación de acciones trascendentes. 
    En este contexto, cada proyección subjetiva es lanzada como flecha a la esfera tridimensional en búsqueda de consensos dentro del universo infinito de la diferenciación intersubjetiva. Siempre existirá un sinnúmero de situaciones diferenciadas o un «infinito social formativo» que cualquier sistema nunca terminará de abarcar ni predeterminar, por tanto, el control total de lo social no es posible. 
    El sueño del individuo totalmente domesticado, de Un Mundo Feliz de Huxley, el Estado que sabe todo del ciudadano y el ciudadano no sabe nada de él que dibuja Orwell en 1984, ni el dominio seguro y confortable en Walden Dos de Skinner son posibles porque así como el gobierno domina vigilando, la sociedad también lo hace y con las mismas armas cibernéticas. 

    Sistemas de Exclusión 

    Los «sistemas de exclusión» del Estado moderno funcionan como diques que impiden la expresión input de la diversidad intersubjetiva haciendo visibles lo más posible los «sistemas de inclusión» que propagan las medidas output del Estado. La ley de causalidad se encuentra enmarcada por procesos aleatorios que proveen de incertidumbre, el movimiento social y naturado no obedecen a la concausalidad racional sino a un «despliegue irreversible». 
    Los políticos modernos consideran que un sistema social sólo se alimenta de información de «orden normativo» producido por «pautas de acción» que excluyen por excepción o negación a la información proveída por el ruido irracional de los lenguajes cotidianos, que denominan con fobia «anomia social». De esta manera, excluye al caos de cualquier grado (relevantes e irrelevantes), y, de antemano, hemos visto, excluye también a toda cosa o singularidad considerada como "irrelevante" (sean tanto de ordenamientos sociales como de caos sociales o disensos de orden bajo e incluso medio). En cambio, el político posmoderno pese al caos que rodea al orden es capaz de vislumbrar el camino a seguir. Negar al caos social es negar la creatividad individual o subjetiva. Cualquier sistema social se alimenta del caos informático proveído por la cada vez mayor interacción comunicativa de los niveles subjetivo e intersubjetivo. El Estado-Leviatán intenta autorregular el caos social a partir de sistemas de exclusión cada vez más limitados, pero el caos social se escapa, es ingobernable, solo da indicios de traza de nuevas formas de gobierno. 

    Democracia Digital 

    En el último estertor de la modernidad, la cabeza del Leviatán se ha digitalizado y terminado de erguirse, ha terminado por reproducir e interceptar todos tus sentidos y vigila cada uno de tus actos cibernéticos, recopila cada acto en el teclado, conoce todos tus amigos y parientes, ha medido tus gustos y promediado en algoritmos tiempos y tendencias de reacción. 
    Zuckerber vende algoritmos y hay muchas empresas y programas que se dedican a producir algoritmos. Antes las decisiones se tomaban con base a promedios estadísticos hoy con algoritmos. Las fábricas de algoritmos prometen a empresarios y políticos que podrán influir en todos y cada uno pero al igual que casi dos siglos de ciencia social fracasan en el problema mayor que es predecir lo que van a hacer o decir los demás. No es lo mismo influir que predecir. Solo se han atiborrado de una masa infinita de datos que no saben que hacer con ellos. La sociedad es un hoyo negro que consume y prolifera todo de manera cambiante e irreversible, la historia no se repite es irreversible. El remedo cibernético del ser humano está completo y empieza a rebasar la suma dendrítica de todos los cerebros, hay más computadoras conectadas intercambiando información que entre seres humanos y a una velocidad exponencial tal que nos rebasará en tan solo diez años tomándonos necesariamente desprevenidos. Pero la tendencia al infinito de la proliferación de diferencias que produce la intersubjetividad social es inabarcable y compleja, por tanto ingobernable. Las oligarquías modernas están perdiendo todas las batallas con las redes sociales. El problema es que de pronto el gusto por ver, hacer y decir lo mismo que todos se acabó, ahora internet es un mall atiborrado de golosinas para autodidactas, ya no hay interés por modas, comentar o hacer lo mismo. No hay aún una ciencia de este nuevo universo de proliferación de diferencias, antes buscábamos ser iguales ahora ser diferentes. En la fábrica moderna el obrero realiza acciones repetitivas y se tomaba la diferencia como una afrenta al plan de producción, ahora al productor de informática se le exige creatividad y diferencia. Lo mismo afecta a la política, el poder se atomiza, el poder crece cuando hace creer y hacer lo mismo pero cuando cada quien decide informarse y formarse de forma diferente no habrá poder que los abarque nunca. Con la nueva revolución tecnológica, las finanzas y los aparatos de estado se han fortalecido pero contradictoriamente su dominio de la masa social se ha encogido. Esto se debe a que antes nos formaban ahora nos informamos cada uno por su cuenta. Ha nacido el hombre hecho por sí mismo: self made man.
     El establecimiento nos vigila, cierra accesos, irrumpe comerciales, interviene cuentas, pero el principal problema para los gobiernos ahora es que cada quien se informa y eso hace imposible imponer formas. La moda es una repetición masiva que impone un poder jerárquico y centralizado, por el contrario, lo diferente transforma al poder en una serie de poderes muy efímeros como papel picado. La mayor democracia que tenemos es votar cada tres años. El sistema de partidos constriñe la democracia a solo dos o tres candidatos y de ahí a que si no nos gusta ninguno votemos por el menos peor, por castigar al otro o abstenerse, pero casi nunca votamos por alguien que satisfaga mayormente. Así como la digitalización del dinero en tiempo real desaparece la necesidad de bancos, financieras y de todo intermediario para préstamos, pagos, inversiones y disposiciones; así, la digitalización del voto elimina todo tipo de necesidad de representación política como partidos e institutos políticos para votar automáticamente leyes, préstamos externos, distribución y seguimiento de inversiones públicas en tiempo real. Esto es, no propongo desaparecer partidos solo quitar las principales decisiones a partidos políticos por medio del plebiscito automático.
     Con la tecnología actual ya se puede votar en internet por el que más te guste y el que más votos obtenga ese gana o se puede citar a plebiscitos o referendums automáticos. Es muy distinto poder que hacer, poder condiciona a hacer y hacer no condiciona a poder, es decir, cuando no se puede el hacer no se realiza en cambio cuando se puede el hacer resulta posible. Antes la masa social no contaba con el voto electrónico porque no existía, ahora gracias a la ciencia si podemos y el hacer resulta indicado. Tarde o temprano haremos el voto electrónico, por x o y causas o motivos pero lo haremos simplemente porque se puede incluso ya se ha empezado a hacer en mercadotecnia para saber el gusto de las mayorías. Es curioso que la mercadotecnia y el espionaje están en el siglo XXI mientras los sistemas electorales y los trámites burocráticos siguen en el siglo XIX, cuando ya es posible que todo el arsenal mercadotécnico simplemente se trasplante al voto popular donde se expresen las mayorías directamente sin representantes. El primer principio de la democracia siempre ha sido el que las mayorías mandan, pero todos no es posible que manden porque no es posible estar de acuerdo en todo con todos. Lo que sí es posible es el mandato directo de las mayorías sin representantes. 
    De esta manera, nos ahorraremos el costosísimo sistema electoral, partidos y encuestadores simuladores que encierran y coartan el voto popular con su laberinto de delimitaciones e impedimentos. Al igual que desde 1980 hasta hoy el número de empleados bancarios y administrativos se ha reducido a un 10%, así le toca el turno a la clase política, para los nuevos pactos sociales no se necesita un mar de sanguijuelas simuladoras solo se requiere un puñado de empleados eficientes. La idea de democracia sustentada en partidos es una idea reciente. La democracia la inventaron en Grecia Clásica y su lugar para ejercitarla era el Ágora que no era solo un lugar para intercambiar conocimiento y discutir los problemas comunes, también era el lugar de la elección de representantes. Por inercia la mayoría tendemos a creer que organizarse en partidos y votar en urnas nacieron junto con la idea democracia pero no fue así. 
    En la primera democracia, el sistema electoral griego no elegía a funcionarios, jueces y legisladores a mano alzada o por urna ni había propaganda de candidatos ni tomaban partidos, se utilizaba el “Kleroterion”, una sencilla máquina mecánica que elegía totalmente al azar. Cualquier ciudadano griego libre con todos sus derechos y el escrutinio previo de sus facultades mentales y físicas podía ser candidato a elección por sorteo, servir a la ciudad estado como funcionario, juez o senador solo por un periodo sin reelección. Porque en realidad la administración pública era tan sencilla que no se necesitaban profesionales. Cuando los imperios se complejizan nacen los políticos profesionales de tiempo completo, por la imposibilidad de votar y decidir sobre cada vez mayor número de ítems sociales que no podíamos votar ni administrar todos los ciudadanos. Pero hoy, con las nuevas revolución científica en comunicaciones, podemos volver al Ágora y votar directamente sobre los principales problemas dejando la miscelánea a la clase política posmoderna. 
    Por primera vez desde el nacimiento del sistema de representación en Grecia Clásica técnicamente podemos prescindir de todo sistema de representación, esto constituye el mayor hecho histórico y más importante desde la imposición de las leyes elaboradas por hombres y no por dioses. La simulación y corrupción en que han degenerado los sistemas de representación han hecho de la política una ficción imaginaria, un teatro de simulaciones entre simuladores de la realidad. Con la computadora cuántica ya es posible elaborar programas encriptados y existen suficientes accesos universales para votar con toda confianza todo lo que votan cotidianamente senadores y diputados, elegir candidatos idóneos, incluso seguir en tiempo real la aplicación de recursos. Todo esto con menos del 1% de lo que actualmente gastamos en el sistema de representación. Y esto para mi es la noticia más importante que ha sucedido desde 2,500 años hasta hoy pues no necesitaremos más a representantes que voten por nosotros. Los sistemas de exclusión son el arma con que el poder nos limita pero ya no son históricamente necesarios. Democracia Cuántica Y, cuando estaba a punto de cernirse sobre nuestras cabezas el Leviatán cibernético, China y Rusia de un golpe descuartizan al imperio único con la computadora cuántica al menos en tres pedazos. 
    El internet negro o profundo es difícil de rastrear pero es rastreable, la computadora cuántica es imposible de rastrear. ¿Será verdad que podremos realizar nuestro sueño de comunicarnos simultáneamente sin espías ni ventanas como ya en parte sucede? Entonces, todo el poder de la cibernética estaría en manos de cada quien y no únicamente en brazos del Leviatán moderno que con las mismas armas que nos espía empieza a ser espiado y exhibido por los nuevos poderes posmodernos. Pese a los avance cibernéticos al seguir las fuerzas empatadas en los niveles políticos, económicos e informáticos, el único camino que resta es pactar, unirse, convenir, acordar, pues somos las piernas que sostienen la cabeza del Estado-Leviatán.
    *El autor es egresado UABC-Sociología y Doctor en la disciplina actualmente en UAM-Iztapalapa

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