¿A QUE SE DEBE LA POPULARIDAD DE LOPEZ OBRADOR?





  • Según algunas encuestas,  si las elecciones para elegir Presidente de la República fueran en este momento, Andrés Manuel López Obrador sería el ganador. La situación es interesante y merece que se haga el intento por dar una explicación. En colaboraciones anteriores he afirmado que existe cierto paralelismo entre este personaje, Donald Trump y Adolfo Hitler. Esto conduce a que nos preguntemos ¿Cuál es la razón por la que a muchos mexicanos les parece conveniente ser gobernados por un personaje así? ¿Es solo la conveniencia de tener como  Presidente a quien ofrece sostener con recursos del Estado a todas las personas necesitadas, sin que le importe si es posible obtener los recursos necesarios? ¿En verdad se cree que con sus propuestas se resolverán todos los problemas que tiene el país? 
    Antes de entrar en materia, quiero repasar lo escrito en otro momento, de que el parecido entre López Obrador, Trump y Hitler se da en cuatro situaciones. La primera es que coinciden en ser intolerantes a ideas diferentes a la suya, por lo tanto una actitud de autosuficiencia, de creer que solo lo que ellos  dicen es lo correcto y por lo tanto son poseedores de la verdad absoluta. La segunda, relacionada con la anterior, es una actitud narcisista, de  creerse un ser superdotado, y en el caso de López Obrador, esto se refleja en el hecho de que él define lo que es bueno y malo. Quienes no lo apoyan son parte de “la mafia del poder” pero si alguien de otro partido decide sumarse a su causa, por solo ese hecho le perdona todos sus pecados. Una tercera es la gran capacidad para conectar con ciertos sectores de la población, a partir de una buena interpretación de lo que esperan estas personas. La cuarta es la exageración de la promesa de que todo lo malo se va a resolver en su gobierno, como si tuviera una varita mágica.  
    Una explicación que se puede dar al apoyo que recibe López Orador de algunos de sus seguidores, es que no se ha superado la actitud que muchos tuvieron  al viejo régimen del Presidente Emperador. Buscaban que el mandatario en turno, del que se decía cuando anduvo en campaña  “este si nos va a salir bueno”,  que resolviera todos los problemas de las personas, que asumiera el papel del padre bueno y protector, que cuida, protege y alimenta a sus protegidos. A cambio de eso, se permitió que a pesar de que se decía que teníamos un régimen democrático con equilibrio de poderes, el Presidente actuara como un monarca, que nombraba a jueces, diputados, senadores y gobernadores y que interpretaba las leyes a su conveniencia. Otras características de ese régimen eran que una cosa era lo que decían las leyes y otra lo que se hacía,  y que existía un partido que pretendía controlar a la sociedad, al estilo de la Unión Soviética o la Italia de Mussolini. Ese partido estaba al servicio del Presidente en turno. 
    Pero además la corrupción era un valor entendido.  Pero se trataba de una cuestión cultural y no de una característica solo de la clase política, como ahora muchos pretenden hacernos creer. El régimen fomentado por el PRI era un traje a la medida de muchos ciudadanos, que se negaban a participar en cuestiones cívicas y que aceptaban un estilo de vida en el que se les permitieran las pequeñas trampas, como la mordida o sacar ventaja de lo que fuera. A propósito es conveniente  explicar que afirmo que la corrupción es una cuestión cultural ,porque surge a partir de las creencias aceptadas en la sociedad. No solo son tan maniobras adjudicadas a los políticos  sino que incluye las acciones de los ciudadanos como cuando se ofrece una gratificación a un policía, o un empleado de gobierno para obtener un beneficio, o tener la filosofía  de vida de que “el que no tranza no avanza”
    Lo que ofrece López Obrador es un regreso al pasado del Presidente Emperador y tal parece que es lo que muchos seguidores buscan. Pero lo peligroso es que se caiga en un esquema como el de Cuba o Venezuela, en donde no alcanza el dinero del Estado para repartirlo entre toda la gente y requieren que otros países los ayuden con recursos.   
    El autor ha sido diputado federal por el PAN, director general del Cobach en BC y docente universitario

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