SIN TAPUJOS. REFLEXIONES DE UN CACHANILLA.




  • Primera, en la frente. Vivir aquí en Mexicali tiene sus ventajas y sus desventajas como casi toda situación en la vida. El clima que tenemos es una realidad que curiosamente tiene las dos cosas, lo bueno y lo malo.

    Lo malo, que tenemos tres o cuatro meses del año en que vivir aquí es muy costoso por las altas tarifas eléctricas y obviamente que no es fácil aguantar el infierno de estar muy cerca de los cincuenta grados. En términos claros: Hace un pinche calorón a toda madre. Las caguamas y los aires acondicionados son buenos amortiguadores.

    Lo bueno, que es una excelente “barrera anti guachos” (con perdón de mis queridos amigos y parientes que viven en la “capirucha”, allá en ese paraíso donde se encuentra cada día más concentrado el poder y el dinero del país) para los que no aguantan el calorón y gracias a Dios se regresan.

    Y esto de que no aguantan y se van, me lo confirmó un amigo médico, compañero betabel, quien me platicó que despuesito del terremoto del 85 se vinieron por lo menos unos cien doctores de diversas especialidades a Mexicali, pasados un par de años estima que solamente quedaron unos quince.

    Pero fíjate, estimado lector, que después de ver lo que está pasando en otros lugares con mejor clima, como por ejemplo, el centro y sur de nuestro querido México, casi todo el Caribe, buena parte de “Gringolandia” comenzando por la preciosa Florida, Texas, Alabama, California y síguele por tu cuenta, donde los ciclones, temblores, incendios y demás fuertes y dolorosas nalgadas que nos está dando la Madre Naturaleza han dejado a millones sin lo más elemental; casa, comida, energía eléctrica y agua potable, no tiene uno más que dar gracias a Dios por estar viviendo aquí.

    Segunda, en el pecho. Siguen saliendo más evidencias de que vamos de mal en peor en cuestiones de política. Como ya te he comentado, estimado lector, tenemos un gobierno que además de obeso tipo Carstens (con todo respeto, es un funcionario casi ejemplar) y corrupto (insisto, con sus notables, pero escasas excepciones) ahora están saliendo cosas que si no fueran tan nefastas, serían hasta chistosas: Los candidatos independientes a la Presidencia de la República.

    Fíjese que hasta el momento de escribir esta columna hay registrados nada menos que 74 candidatos a “la mano de doña Leonor”, mismos que tendrán que recolectar 866 mil firmas cada uno, como requisito para ser aprobados por el INE, dando un total de 64 millones de firmas, prácticamente la mitad del país incluidos niños de pecho.

    La cantidad de candidatos abruma. Sacando a dos que me merecen respeto, como doña Margarita Zavala y don Pedro Ferriz, me atrevo a decir que los otros 72 lo que buscan es simplemente chamba, billetes; la manera de seguir medrando a costa de los que pagamos impuestos.

    Tercera, hombros y labios. Amén. Interesante y en teoría muy vendible, la petición de algunos dirigentes sociales sobre aumentar los sueldos a los mexicanos, tal y como lo están solicitando los gobiernos de Estados Unidos y Canadá como condición importante para las negociaciones del TLCAN.

    Claro, sería maravilloso que en lugar de un salario mínimo de hambre como el que tenemos, se pagaran los 10, 20 o 30 dólares la hora que pagan nuestros vecinos del Norte. Pero esto es prácticamente imposible, el tronadero de economías de todo tipo aquí en México sería general.

    Imagínese que usted tiene un changarro con dos empleados a los que tiene que pagarles estos sueldos ¿Cuánto duraría operando? Piense por favor en que habría que pagar esos sueldos a los de la CFE que tiene miles de empleados ¿A cuánto subiría “la luz” con esos costos? Y sígale usted por su cuenta.

    La economía tiene sus reglas muy sencillas, tanto produces, tanto ganas. Si aplicamos sueldos altos a todo mundo, así se dispararían los productos. Como dicen los güeros al otro lado, simplemente “no way”. No se puede.

    Hay que vivir con lo que tenemos e ir mejorando a base de estudio, de trabajo, de meterle ganas. Y por supuesto, con mejores gobiernos que apoyen y faciliten. Esto sí que no aguanta más, es urgente, justo y necesario.

    Hasta aquí la dejo. Gracias por su tiempo, estimado lector.

    (*) El autor, 78 años, ingeniero agrónomo. Entomólogo algodonero Valle de Mexicali (1963-64). Agricultor 20 años Caborca (1971-94). En Sonora y BC directivo industria Plaguicidas 22 años y 8 en la industria Editorial. En Mexicali, Director Nutrimex (2011-14) (email: togomez39@gmail.com

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