Nuestra finca. Capìtulo XXVIII




  • Al final de la velada, que no se prolongó más allá de las nueve de la noche, el maestro Luciano estaba sorprendido del comportamiento de la doctora Marina. Aunque no bailaban las tandas de música completa, pues el ambiente estaba caluroso y no todas las damitas estaban dispuestas a empaparse sus ropas, si accedía ella a bailar las piezas favoritas del maestro Luciano.  Además la doctora no ocultaba que estaba contenta al lado del maestro. Otro que estaba sorprendido era el Bibliotecario Mayor, al lado de su esposa, y durante otro receso en la música, acercó sus labios al oído del maestro Luciano y le comentó:
    ------ Presiento que agarraste barco con esta dama. Eres muy tonto si se te escapa. Me comentan que en Topolobampo es dueña de una o dos embarcaciones. ¡Y a ti con lo que te gusta salir de pesca!
    ------ Ella tiene su carácter ----- dijo el maestro Luciano. ----- Si supiera que seguiría portando así, soy capaz hasta de matrimoniarme, pero ya una vez mostró el cobre en otra quinceañera que la acompañé. ¡Y mira: aquí parece otra persona!
    ------ Pues síguele la corriente, hermano. De seguro la otra vez se le han de haber pasado las copas. Ya vez como te han tratado las damitas que  te hemos acercado, ninguna ha dejado que la quieras. ¡Ahora tú no te hagas de la boca chiquita!
    Alrededor de las nueve de la noche se tocaron las últimas piezas musicales, llegando a su fin aquel festejo, donde todos salieron contentos. A todos se les sirvió su platón de barbacoa, acompañado arroz con mantequilla y rica ensalada, además de las ambarinas bebidas, así  como refrescos y aguas de sabores. La alegre debutante fue generosa con los asistentes, tomándose fotos con cada mesa de invitados. Se anota esto porque eran tiempos de escasez, especialmente para el personal de la Universidad,  y este derrame a quienes ahí estuvieron les dio satisfacción en esa tendencia natural que se tiene hacia la fiesta. Desde luego que para la doctora Marina, persona de recursos,  y sus acompañantes sería otra fiesta más, por lo que ella rogó al maestro Luciano que la acompañara a Los Mochis, para continuar bailando en un  centro muy de moda, donde se daban cita quienes  tenían un nombre reconocido,  derivado  de las importantes funciones por las que de ordinario recibían elevados ingresos.
    Antes de que el maestro Luciano pudiera negarse a acompañarlos, ella lo metió al vehículo con abrazos y mimos. Ocupó el asiento del copiloto y la otra pareja subió en los asientos traseros. De inmediato la doctora Marina les comentó el motivo por el que al día siguiente necesitaba salir al puerto de Topolobampo  temprano, pues allá una familia que le trabajaba una embarcación, estaba retrasada en las participaciones que le correspondían, a grado tal de que había pensado deshacerse del barco, ya que la temporada de pesca estaba por terminar y ella no sacaba lo que había metido para iniciar los trabajos en el mar.
    ------ ¿Tú no puedes acompañarme mañana a Topolobampo, mi amor?
    El maestro Luciano guardó silencio.
    ------- Será nomás de entrada por salida.
    Él continuaba sin responderle.
    ------- ¿Por qué te quedas tan serio? ¿No te parece que te acapare mañana domingo?
    ------- Estaba pensando en un problema similar que me ha tocado vivir, aunque guardando todas las proporciones….
    ------- ¿Si? Y de qué se trata...
    --------  Antes de venirme para Sinaloa traté de meterme a fabricar ropa y compré varias máquinas de costura. Ya con las máquinas en mis manos me llegó la invitación de Ramón Felipe, el director de la Escuela de Periodismo, una invitación que había esperado tanto tiempo que ya creía nunca se haría realidad. La cuestión es que salí para acá de inmediato y le dejé las máquinas encargadas a una amiga,  en el acuerdo de que más tarde, cuando estuviera establecido por aquí, me las enviaría. Parece que ya le agarró cariño a las máquinas y no responde a mis peticiones. Sin duda las ha de haber puesto a trabajar…
    -------- No se puede confiar en nadie, sobre todo si son cuestiones de valor. En mi caso, esta familia me rogó mucho para que le prestara dinero, pues un armador vendía la flota que ya no quería trabajar.  Barcos no tan nuevos, pero que aún se les puede sacar provecho. Temiendo que esta familia no me devolviera el dinero, opté por comprar uno de los barcos y ponerlo a mi nombre, aunque se los cedí para que lo trabajaran por partes iguales, lo mismo  haríamos con el mantenimiento.   Y aquí estoy, dueña de barco pero sin haber recibido un centavo.
    ------  ¿Cuánto tiempo tienen con el barco? ------ preguntó el maestro Luciano.
    ------ Cuatro meses. Ahora las temporadas de pesca son muy cortas. Pero deja que no me hayan reportado ningún centavo. Ni siquiera me hablan por teléfono para decirme que es lo que está pasando. Es por otras gentes amigas que me he enterado que les ha ido  bien en cada viaje que han trabajado.
    Como el maestro Luciano nada dijo si la acompañaría a Topolobampo al día siguiente, la doctora Marina cambió de tema, preguntándole a la pareja amiga sobre su futuro inmediato. Ella radicaba en La Paz, Baja California Sur, y él trabajaba en Los Mochis, a donde acudía a verlo. Contemplaban unirse en matrimonio antes de finalizar el año, más el inconveniente era que ambos tenían buenos trabajos en las ciudades donde radicaban, ya que eran químicos egresados de la Universidad Autónoma de Sinaloa. Eran novios desde su tiempo de estudiantes, pero ahora sufrían al estar separados. Él se sacrificaría, ya que dejaría su trabajo en Los Mochis, para trasladarse a donde ella radicaba y trabajaba.
    ------ ¿Estas oyendo, mi amor? ---- le preguntó la doctora Marina a maestro Luciano. Luego se dirigió a la pareja: ---- Pues sinceramente los felicito, ya que ese paso que están por dar no es fácil. Que todo sea por la felicidad que buscan.
    Para esto, arribaron al sitio donde la doctora quería disfrutar el resto de la velada. El maestro Luciano notó  el tipo de público, mujeres en su mayoría, ya que un enorme letrero anunciaba que a ellas no se les cobraba, pero  los caballeros debían pagar $400 pesos, lo que no lo motivó demasiado para bajarse del vehículo.
    ------- Marina ---- le dijo el maestro Luciano -----  me vine sin mi tarjeta de banco, ya que no me dejaste entrar a casa cuando salimos de la quinceañera y aquí cobran. Creo que no te puedo cumplir tu deseo esta vez.
    ------- ¿Cuánto cobran? ----- preguntó la otra damita.  Tras alcanzar a leer el aviso, exclamó: ---- ¡Ay, no dejaré que Julio tire su dinero aquí, sabiendo que empezamos a ahorrar para la boda! Si ustedes quieren entrar, nosotros nos iremos en taxi.
    ------- ¿Cómo crees que los voy a enviar en un taxi, amiga? Vienen con nosotros y nosotros los llevaremos si no quieren entrar a divertirse.
    ------- Doctora ----- dijo Julio ----  Nosotros ya tuvimos bastante entretenimiento en la quinceañera donde nos invitó el maestro.  Si ustedes quieren entrar, por nosotros no se detengan.
    ------ Los llevaremos a donde van a pasar la noche ---- dijo la doctora Marina, con amabilidad ----.
    El joven químico le indicó la ruta para  llegar a la casa de su madre, en donde él todavía vivía como hijo de familia. Su futura esposa había venido a visitarlo ahí, donde pasarían la noche.
    La doctora Marina los dejó, no sin antes insistirles que la acompañaran al día siguiente al puerto de Topolobampo, pero la pareja rehusó la invitación. Tenían compromisos familiares que cumplir, pero les daría mucha satisfacción contar con ellos en la próxima boda que ya planeaban.
    Al fin la doctora Marina les permitió que entraran a la vivienda, cuando ya eran pasadas las once de la noche. El maestro Luciano temía una desvelada, como ya las conocía con ella, por lo que le dijo que quizá podría acompañarla al día siguiente en su viaje a Topolobampo, si se iban a dormir a la Comunidad antes de la medianoche.
     
    ------- ¿Ya te quieres ir a dormir, mi amorcito? ----- preguntó ella.
    ------- Si no tienes inconveniente ---- dijo él.
    ------- ¿Cómo crees que voy a tener inconveniente? Estoy para someterme a tu voluntad
    ------- ¿Y por qué ese cambio? --- preguntó el maestro.
    ------- Soy tu pareja, mi amor --- aseguró ella. ----- Discúlpame si antes me porté indebidamente contigo, pero de aquí en adelante he tomado conciencia de que eres algo muy significativo para mí.
    ------- Discúlpame si te pregunto esto: ¿A esta pareja desde donde la traías?
    ------ ¿Por qué? Me las encontré en Culiacán. En realidad, ella es compañera de trabajo de mi hermana, en La Paz, donde ambas son químicas. En La Paz también radica mi hija, la doctora que ya conoces.  Me gustaría mucho que fuéramos a pasearnos a Baja California Sur. ¿No te gustaría acompañarme?
    ------ Primero te acompañaré a Topolobampo y luego veremos. En realidad por ahora no tengo seguro nada, con esta situación que se vive en la Universidad.
    La doctora Marina guardó silencio, como prefiriendo no opinar sobre la condición en que se encontraba el maestro, a la espera de lo que él quisiera decirle. A mitad de la carretera hacia la Comunidad, ella puso en el aparato de sonido unos temas musicales que recién había adquirido, lo que no captó demasiado el interés del maestro. Al llevarlo a casa, ella le preguntó que si no la invitaba a quedarse esa noche, y como él no se mostrara demasiado convencido de que quería tenerla, ella se apresuró a decirle:
    ------ Sólo estoy bromeando. Mi padre me espera. Debe estar inquieto ya, pues quedó de darme una lista de cosas que quiere que le compre en Los Mochis ---- y se despidieron con un beso.
     
    Al día siguiente, antes de tomar la carretera hacia Topolobampo, la doctora Marina hizo una visita a la esposa del capitán del barco. Vivian precisamente a la vera de esa ruta, en una casa solariega, con un estilo de vida solvente. La administración municipal acababa de concluir el entubamiento de un canal entre la carretera y el asentamiento, por lo que el área había adquirido más valor. La señora del capitán, sorprendida por la visita de la propietaria, no tuvo tiempo de disfrazar la abundancia que se respiraba en la residencia.  La doctora Marina fue directo a lo que iba. El maestro Luciano debió hacerse un lado, incomodo ante los reclamos por la falta de participaciones.
    ------ A mí no me comenta mi esposo si le va bien o le va mal en los dos o tres viajes que han podido hacer con el barco. Pero me parece que escuché que tras el primer viaje tuvieron que hacer una reparación a la máquina, que no salió barata. Luego en el segundo, la bodega de congelación les dio problemas, por lo que debieron regresar a tierra antes.
    ------- Lo que siento más --- dijo la doctora Marina ---- ese silencio que ha tenido conmigo. Ni siquiera una llamada, para decirme como les está yendo en la pesca.
    ------ Filemón es así. Es parco. No ha de querer molestarla
    ni que se mortifique, doctora.
    ------ ¡Pues mortificada ya estoy! --- aseguró ella.
    ------ ¿Usted no tiene el número de su radio¨?
    ------ Me dio uno, del que nunca me ha contestado.
    ------ Es que usted ha de traer el número anterior. Tuvo que cambiarlo. Ahora es otro. Mire: Se lo voy a dar y verá que a este sí le va a contestar.
    La doctora Marina lo anotó. Tras esto, se despidió de la mujer, quien no tenía aspecto de ama de casa que afanara con la prole, sino que lucía como una mujer cuidada, con empleada para que le atendiera las tareas rutinarias y pesadas de la residencia.
    En el camino a Topolobampo, la doctora Marina le pidió al maestro Luciano que la disculpara si la veía un tanto trastornada por el problema, pues era una inversión en la que había puesto sus esperanzas de poder hacerse de un capital que ahora sentía se le iba de las manos, y más cuando vio la abundancia de la residencia que acababan de visitar. Para entrar en tratos la pareja de esposos la buscó tenazmente, ya que vivían una situación difícil, con varios años sin ocupación definida, hasta que ella se prestó para ese negocio que le pintaron como una oportunidad.
    ------ No estoy en condiciones de opinar --- le dijo el maestro Luciano. ---- Me reservaré a esperar que no sea tan grave la situación. Ni siquiera sabía que fueras propietaria de una embarcación.
    Entonces ella dijo:
    ------ Conocí a otras personas que agarrando un barco de oportunidad, a la vuelta de los años son propietarios de toda una flotilla. Claro, pero debieron tratar con gentes más honestas que con las que yo traté.
    Ahí pronto divisaron en el horizonte el movimiento del puerto.
    ------ Primero te llevaré a hacer un recorrido por la población, para que la conozcas y luego iremos al muelle donde debe estar el capitán con el barco.
    ------ Mi opinión es que atiendas primero el asunto principal y si nos queda tiempo, podríamos dar ese paseo.
    Se dirigieron al muelle, donde capitán y tripulación ya la esperaban. La invitaron a que recorriera la nave y ella jaló al maestro Luciano, a quien presentó como su novio. Todos, especialmente el capitán, un hombre de edad mediana, no demasiado alto pero macizo y musculoso, curtido por el sol y la sal, los trataron con mucho respeto. Desde un día antes se afanaban en limpiar casco y cubierta, por lo que a la doctora Marina le pareció otro barco, ya que cuando lo adquirió lo afeaban gruesas costras de moho por todos lados.
    ------ La otra vez que nos vimos a usted se le olvidó y a mí también, pedirle el número de  una cuenta bancaria, donde depositarle las participaciones.  --- le dijo el capitán ----- Tengo el dinero suyo depositado en mi cuenta, esperando me diga donde le hago la transferencia.
    ------- ¿Ha quedado ganancia en estos viajes, don Filemón? ----- preguntó la doctora Marina.
    -------- Claro que sí, doctora ----- contestó el capitán. ----- Me gustaría mucho que pasara a la cabina para mostrarle el libro contable. Vengan conmigo, mientras los muchachos le apartan en unos canastos un pez sierra que desde que lo sacaron les gustó para la patrona.
    La relación que le mostró en los libros dio completa satisfacción a la propietaria. En realidad, lo que más le interesaba el monto de su ganancia, pues ella ya traía entre manos hacer otro movimiento con el dinero, como le reveló más tarde, en el camino de regreso al maestro Luciano.
    Con las cuentas claras, la doctora Marina volvió a la cubierta contenta, concentrando su atención en el maestro Luciano. Ahí los muchachos de la tripulación le habían empaquetado el pez sierra para que lo llevara en la cajuela de su vehículo, de tal forma que no fuera a manchar la alfombra. En una vasija aparte, también la obsequiaron con unos cinco kilos de camarones. Lamentaban que se regresara tan pronto, ahora que podían echar andar la máquina de la embarcación y darle una vuelta por el agua. ¿No tenía ganas de sentir la estabilidad de su nave?
     
     
    ------ En otra ocasión que vengamos con más tiempo ---- les aseguró ella. Luego añadió: --- ¡Cuídense mucho! Acuérdense que tienen familia. Y por favor les pido que no se suban tomados al barco ni lleven bebidas embriagantes cuando salgan. Acuérdense de sus familias.
    ------- ¡Así será, patrona! ---- dijeron ellos.
     
    Aun no salían de las calles de Topolobampo, cuando el maestro Luciano le preguntó: ---- ¿Y qué harás con este pescado tan grande?
    ------- ¡Ya verás lo que te prepararé mañana! ---- contestó ella muy contenta. ----- ¿Has comido pescado zarandeado? Es un pescado guisado al horno.
    ------ Lo he oído mentar mucho, pero aún no lo he comido.
    ------ Mañana lo probarás. Será la prueba de fuego, para que me digas si ya puedo casarme. Me someteré a tu decisión.
    Entraron a Los Mochis y ella dirigió el auto directo al Price Club, en donde tenía una membresía de consumidora. Había un ambiente que avasallaba al maestro Luciano, compradores empujando carritos repletos de mercancías. Al entrar ella tomó uno para irlo empujando y le solicitó a él que se trajera otro, por si no cabía lo que necesitaba comprar. A medida que avanzaban, la doctora lanzaba sobre uno de los carritos los productos comestibles y sobre el otro, el que empujaba el maestro Luciano, echaba los no comestibles, como papel sanitario, toallas de papel y femeninas, jabones de tocador, de lavandería y de la cocina. En igual forma, otros tantos productos para la limpieza del hogar, del jardín, del aseo de los perros, etcétera. Así como otros productos de los el maestro Luciano tenía una idea muy remota sobre su aplicación. Sólo que no era una unidad de cada producto, sino rollos de papel por docenas, pastas dentales por mayoreo, cajas de productos limpiadores por decenas, y así, hasta que toda aquella fiebre de compras le causó al maestro Luciano una especie de enfado y cansancio que lo puso de malhumor.
    Tras una hora y media de andar tomando y echando todos los productos a los dos carritos que llevaban con copete, se dirigieron al área de cajas a pagar. Él sabía que hubiera sido muy delicado lanzar alguna observación sobre esa conducta de compras, y no obstante, no pudo callar del todo:
    ------ ¿Si crees tú que todo esto cabrá en el vehículo?
    ------ ¿Acaso quieres decirme que me fui grande? ----- preguntó ella, un tanto a la defensiva, ya que los que empujaban eran los carritos más llenos en las filas.
    ------ Solo te pregunto porque ya en la cajuela llevamos el pez espada y el balde con camarones.
    ------ Tienes razón, cariño. ----- dijo ella, sorprendida ----- Tienes razón. Pues los acomodaremos en los asientos de atrás y de ser necesario, ¿te llevarías algo sobre tus piernas?
    ------  Yo estoy para apoyarte en todo, ya sabes ----- le aseguró él.
    En el camino de retorno hacia la Comunidad, ella le preguntó si no quería saber lo que sus hijos pensaban de la relación que habían iniciado.
    ----- Me interesa mucho lo que piensan de nosotros tus hijos. ---- le contestó el maestro Luciano.
    ------ Ellos saben o se imaginan, porque no son unos pequeños, que nos estamos acostando. De ninguna manera te rechazan, pero sí me han pedido que formalice mi relación contigo.
    ------ ¿De modo que la aprueban?------- dijo el maestro Luciano.
    ------ Yo les dije que tú estás viviendo una situación difícil en tu trabajo y que de ninguna manera podrías pensar en formalizar ninguna relación.
    ------ ¿Y a qué llaman formalizar la relación?
    ------ Que nos unamos en matrimonio…. O se opondrán a qué sigamos viéndonos.
    ------ Pero ellos no te pueden obligar a nada, menos a que unas tu destino con una persona a la que ya no le puede ir peor. Sería una carga económica para ti….
    ------ Eso no sería problema. De todos modos mi yerno y mi hija son una carga para mí.
    ------ ¿Y los hermanos no le meten el hombro a su hermana?
    ------ A este par de tórtolos en la familia les tengo prestada una casa y si me casara contigo tendrían qué desocupármela, ya que no podríamos vivir con mi padre.
    ----- ¿De veras tendrías el valor de casarte conmigo viendo la situación en que vine a naufragar?
    ----- Y nos casaríamos en la iglesia de Guasave, ante la Virgen del Rosario, de la que soy devota.
    ------ ¿Por qué ahí?
    ------  Desde chiquilla, cuando vi a mis siete años que una prima mía se unió en matrimonio con un peluquero en esa iglesia dije que yo también celebraría mi boda ante la virgencita….Algún día… Es un deseo que nunca lo pude realizar, ya que mi primer matrimonio se celebró fuera de Sinaloa, precisamente en el Estado de México, de donde era mi esposo.
    -----  ¿Y aun tienes esa ilusión?
    ----- Siempre vivo con esa ilusión, de unirme en matrimonio ante la Virgen del Rosario, en Guasave… Aunque ahora sé que es una de las cosas que serán inalcanzables para mí…
    ------ Pues yo te aconsejaría que no dieras tu brazo a torcer.
    ------ ¿A poco tú te casarías por la iglesia ante la Virgen del Rosario, en Guasave?
    ------ No, en este momento no creo estar preparado para dar un paso así….
    ------- ¿Y qué es lo que te hace falta? ---- le preguntó ella, disminuyendo un tanto la velocidad del vehículo, al parecer con ánimo de  orillarse en la carretera, para detenerse.
    ------- ¿Es necesario que te lo diga? ¿Es necesario que te explique mi condición laboral y económica por la que atravieso? No puedo jactarme que soy tu novio, ya que no puedo invitarte siquiera una paleta.
    -------  En Sinaloa no es impedimento carecer de trabajo para tener novia o poseer mujer. Es cuestión de que ella quiera jalar con el hombre.
    ------ Pero yo no soy de aquí. Me moriría de vergüenza o mataría al primero que me echara en cara que soy mantenido tuyo. ¿Acaso no te has dado cuenta lo mal que me he puesto luego de verte comprando cosas en el mercado que yo no las necesito en tres años?
    ------- ¿Me echas en cara que soy una compradora compulsiva? ¡Me lo dices porque no quise desaprovechar las ofertas de papel sanitario, que salía el triple de barato comprarlo por cartones que por paquetes!
    ------ ¡No, no, Marina! No me malinterpretes. Entiendo bien tu situación, pero temo que tú no me comprenderías a mí.
    ----- ¿Y cómo sabes si no me das la oportunidad de vivir conmigo como marido y mujer? Si has visto que compré botes de jabón de polvo de a cinco kilos es porque sale más barato que comprarlo en bolsas de a kilo. Así no tendré que ir  al mercado en tres meses.
    ----- Admito que soy en neófito en economía doméstica y por lo tanto no puedo criticarte ni  mucho menos juzgarte. Debes de darte cuenta en la situación en la que me encuentro. No estoy para nada, ni para fiestas, ni paseos, ni comidas. Y te he acompañado a dónde has querido y muy a mi pesar he aceptado que pagues en todas partes pero esto ya no quiero que se siga repitiendo.
    ------ Oye, espero que no me  estés diciendo que mañana no iras a disfrutar el zarandeado  que es en tu honor.
    ------ No me puedes obligar a que acuda…
    ------ Tú eres quien no puedes dejar de asistir…. o de lo contrario no te lo perdonaría. Vale más que ni pienses en que puedes eludirme. Me importa poco si no tienes dinero, me importa poco si te quieres hundir en la depre, pero mañana asistirás a la casa de mi padre. Todo lo demás es aparte. ¡Mañana tendrás que ir!
    Y así se separaron frente a la casa donde vivía el maestro Luciano, ella muy irritada por lo que podía llamar la falta de comprensión para doblegar lo que creía era una gran dosis de orgullo lastimado, pero no por eso estaba dispuesta a perder a quien le daba la corazonada que pudiera ser un buen marido.
    Desde muy temprano del siguiente día se puso a sacarle brillo a la motocicleta, saliendo a dar un paseo, sobre todo para que se le calmaran los pensamientos que lo impulsaban a alejarse de ella. Fue a parar frente a la casa del Bibliotecario Mayor, casi en las faldas de la montaña donde se le negara un espacio en la cima para plantar su tienda. Le comentó que para las dos de la tarde estaba invitado a comer pescado zarandeado, preparado en su honor por la doctora Marina, más no sabía si ir, pues habían tenido una pequeña discusión.
    ----- ¡Qué andas haciendo, muchacho! ---- exclamó el Bibliotecario Mayor --- Deja la sutileza de tus sentimientos para después de comer. Vámonos antes de que nos dejen el puro papel aluminio.
    Le gritó a su mujer, encaramándose a la motocicleta:
    ----- ¡Vieja, más tarde vuelvo! Acompañaré al maestro Luciano a un mandado. Si, aquí mismo es, aquí en la Comunidad.
    Fue la doctora Marina quien les abrió la puerta. Habían dispuesto dos mesas sobre el césped del pequeño jardín, en la vivienda del padre. Este salió a saludar al maestro Luciano y  a su acompañante. En la conversación, ninguno aludió al conflicto que se vivía  en la Universidad. Tampoco la doctora Marina insistió al maestro Luciano sobre su ilusión de contraer matrimonio en la Iglesia de la Virgen del Rosario, en Guasave. El Bibliotecario Mayor dijo al padre de la doctora Marina que le daría gusto verlo algún día de visita en la Biblioteca Central, en donde estaban por estrenar medio centenar de computadoras. Por su parte, la doctora Marina había traído a una nueva amiga, quien al parecer conocía  los obstáculos surgidos el día anterior entre la pareja, ya que se mostraba excesivamente complasciente con ella. Para retirarse, el maestro Luciano tomó conciencia de que la reunión había tenido un toque austero, sin ningún derroche, no obstante que el guiso, al que no se le podía pedir más exquisitez, fue una comilona al gusto del Bibliotecario Mayor. ¿Sería que ella no quería herirlo en el estado de penurias que él atravesaba? Cuando se despidieron esa tarde, los ojos de ella lucían vidriosos.
    ------ Te agradezco mucho que hayas venido --- le dijo, con un temblor inocultable  en su voz ---- Espero que algún día me busques. O bastará con que me llames para que acuda a tu lado. Por mi parte, m´hijo, yo no te presionaré para nada.
     
    Continuará…

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