ISIS, UN ANÁLISIS. PRIMERO DE DOS PARTES




  • El mundo en que hoy vivimos, no es un simple producto de la casualidad. El mundo actual, fundamentalmente su arquitectura geopolítica son el diseño de los acuerdos adoptados por Stalin, Churchill y Roosvelt, en la mesa de negociación al término de la segunda guerra mundial. Nuestro mundo actual es  el producto o resultado de esos acuerdos. El dólar es la moneda dominante del mercado mundial, porque fue un acuerdo adoptado en 1944 tras la creación del Fondo Monetario Internacional. Otro organismo que nació basado en los acuerdos de 1944, fue la Organización de las Naciones Unidas (producto de su antecesor, la Liga de las Naciones). Los acuerdos financieros adoptados en Bretton Woods, dio como resultado la creación del Banco Mundial, y la puesta en marcha del Plan Marshall para la recuperación de Europa, y la expansión del mercado norteamericano, paralelamente a la conversión de su industria de guerra, hacia la producción de bienes de consumo civiles a nivel masivo al término de la guerra, etc. Pero todos estos acuerdos, fueron posibles, debido a gran parte a otros acuerdos adoptados (bajo condicionamientos absurdos) al término de la Primera Guerra Mundial. Una guerra mundial que en realidad fue una sola pieza a dos tiempos, y cuyos efectos económico y sociales, aun hoy seguimos padeciendo. Uno de ellos es la fractura en Medio Oriente, y el viejo conflicto con el mundo musulmán. 
     
    Las Raíces (Bizancio el Imperio Cristiano de Oriente y las Cruzadas). 
     
    A principios de la Edad Media con la consolidación del catolicismo como religión oficial del Imperio Romano (hacia el año 360) por Constantino El Grande en Bizancio (actual Estambul, Turquía), comenzó un cambio profundo en el mundo Árabe. Al convertirse en religión oficial el cristianismo, adoptó una fuerza política gigantesca. El incipiente Vaticano se convirtió de pronto en el centro de poder de una extensa área de influencia sobre los territorios del casi moribundo Imperio Romano, pero el Imperio que continuó (El Imperio Bizantino) no hizo más que consolidarlo e Impulsarlo. Pero el Imperio de Bizancio, cuya capital era la actual Estambul, no pudo ubicarse en un lugar peor. Era un poder cristiano en territorio de mayoría musulmana compuesta por los árabes turcos. La etapa bizantina duró desde el 360 hasta el Siglo XV en que se creó el Imperio Otomano bajo Mehmed II. Durante estos casi diez siglos, se fue conformando un poder árabe, que lucho durante todos estos siglos contra el imperio (las llamadas Guerras Arabo-Bizantinas), hasta que este término en sucumbir y dar paso al imperio otomano. Que predominó durante casi 6 siglos hasta el final de la Primera Guerra Mundial. Para el año 1060, los papas habían consolidado su poder con la creación del Sacro Imperio Romano Germánico (962 DC) y a fin de tener el poder absoluto (política y religiosamente) requerían dominar los lugares santos (Jerusalén) en manos de los árabes-musulmanes (la verdadera raíz de esta incursión fue que el papado y el Imperio Romano Germánico querían conquistar esos territorios por el comercio de especies de oriente medio y el cruce con Asia de la Ruta de la Seda). Fue así como el Vaticano, en unión de varios reyes europeos crearon el ejército de los cruzados. Las Cruzadas, no hicieron más que ahondar las viejas rivalidades entre cristianos y musulmanes por los territorios del oriente medio. Las primeras incursiones europeas en territorio árabe se dieron en la actual Turquía, en la que predominaban los Turcos Selyúcidas, que eran fieros guerreros (origen de los sarracenos, que significa Los Guerreros del Desierto). Las primeras incursiones fracasaron y tuvieron un pírrico triunfo conquistando Jerusalén creando el primer estado franco. No les duró mucho el gusto y a la larga, Jerusalén volvió a dominio turco. De las nueve cruzadas (en un periodo de dos siglos) todas terminaron en sendos fracasos y en un constante fortalecimiento de los musulmanes.
     
    El Imperio Otomano.
     
    El verdadero origen del Imperio Otomano, estuvo centrado en el Califato Fatimí en Egipto, encabezado por el Sultán Nur Al Din (1118-1174) y su fiero lugarteniente el famoso guerrero Saladino (Salah Al-Din Yusuf). A la muerte de Nur Al Din, Saladino se proclamó como Sultán, dando origen a la dinastía Ayyubí. Saladino era de origen Kurdo y así mismo era un hombre centrado y políticamente maduro, y logró por primera vez un califato unido desde Egipto hasta Siria. Este hecho permitió concentrar fuerzas militares y tener el dominio sobre un territorio predominantemente árabe. Saladino es quien reconquistó definitivamente Jerusalén y puso prácticamente punto final a las desorganizadas cruzadas. Saladino logró expandir el imperio árabe de Egipto, allegándose los territorios de Palestina, Mesopotamia (actual Irán), Yemen (territorio que es el verdadero origen de todos los árabes, palabra que tiene su raíz en Al-arab y significa “Los puros”), Hiyáz y Libia.
     
     Wikipedia explica lo siguiente:
     
    “El Imperio otomano, también conocido como Imperio turco otomano (en otomano: دولت عالیه عثمانیه Devlet-i  liye-i Osmâniyye; en turco moderno: Osmanlı Devleti o Osmanlı İmparatorluğu) fue un Estado multiétnico y multiconfesional gobernado por la dinastía osmanlí. Era conocido como el Imperio turco o Turquía por sus contemporáneos, aunque los gobernantes osmanlíes jamás utilizaron ese nombre para referirse a su Estado.
     
    El Imperio otomano comenzó siendo uno más de los pequeños estados turcos que surgieron en Asia Menor durante la decadencia del Imperio selyúcida. Los turcos otomanos fueron controlando paulatinamente a los demás estados turcos, sobrevivieron a las invasiones mongolas y bajo el reinado de Mehmed II (1451-1481) acabaron con lo que quedaba del Imperio bizantino. La primera fase de la expansión otomana tuvo lugar bajo el gobierno de Osmán I (1288-1326) y siguió en los reinados de Orkhan, Murad I y Beyazid I, a expensas de los territorios del Imperio bizantino, Bulgaria y Serbia. Bursa cayó bajo su dominio en 1326 y Adrianópolis en 1361. Las victorias otomanas en los Balcanes alertaron a Europa occidental sobre el peligro que este Imperio representaba y fueron el motivo central de la organización de la Cruzada de Segismundo de Hungría. El sitio que pusieron los otomanos a Constantinopla fue roto gracias a Tamerlán, caudillo de los mongoles, quien tomó prisionero a Beyazid en 1402, pero el control mongol sobre los otomanos duró muy poco. Finalmente, el Imperio otomano logró conquistar Constantinopla en 1453.
    En su máximo esplendor, entre los siglos XVI y XVII se expandía por tres continentes, ya que controlaba una vasta parte del Sureste europeo, el Medio Oriente y el norte de África: limitaba al Oeste con Marruecos, al Este con el mar Caspio y al Sur con Sudán, Eritrea, Somalía y Arabia. El Imperio otomano poseía 29 provincias, y Moldavia, Transilvania, Valaquia y Crimea eran Estados vasallos”.
    El Imperio Otomano sucumbió al término de la Primera Guerra Mundial y comenzó una etapa de fragmentación territorial y división política hecha artificialmente por los Ingleses y Franceses. Eso lo analizaré en mi siguiente artículo.
    *Sociólogo egresado de la UABC

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