LA “ERA TRUMP”, AMENAZA PARA LA PAZ MUNDIAL





  • En el portal de la UNESCO se lee: “La paz no es sólo ausencia de conflictos armados, internos o
    internacionales. La paz es un concepto mucho más amplio y positivo que engloba el derecho a
    ser educado en y para la paz; el derecho a la seguridad humana y a vivir en un entorno seguro y
    sano”.
    Y continúa: “La paz no es solamente un valor que deba regir las relaciones internacionales. La
    paz es también un derecho humano del que todas las personas, los grupos y los pueblos somos
    titulares: todas y todos tenemos derecho a vivir en paz, a una paz justa, sostenible y duradera;
    el derecho a la desobediencia civil y a la objeción de conciencia frente a actividades que
    supongan amenazas contra la paz; el derecho a la resistencia contra la opresión de los
    regímenes que violan los derechos humanos; el derecho a exigir a todos los estados un desarme
    general y completo”.
    A golpe de “órdenes ejecutivas”, en tan sólo dos meses y medio en la presidencia del país más
    poderoso del mundo, Donald Trump ha puesto en riesgo la endeble paz mundial, algo que la
    humanidad no vivía desde la irrupción de Adolfo Hitler en la Alemania Nazi y de la llamada
    “crisis de los misiles” de 1962 entre los EUA y la extinta URSS, en plena “Guerra Fría”.
    Trump ha socavado los principios que establece el Derecho Humanitario Internacional, creado
    para prevenir y humanizar las conflagraciones bélicas, y el Derecho Internacional en Derechos
    Humanos, surgido al término de la II Guerra Mundial.
    Durante su campaña, Trump prometió a los estadounidenses una era de prosperidad, según él,
    atendiendo de manera prioritaria la política interna, regresando los capitales que emigraron a
    los países de la periferia, como México, para devolver las fuentes de trabajo a sus compatriotas,
    discurso clave para su triunfo.
    Prometió también una cacería de inmigrantes indocumentados que, según él, ocupan puestos
    de estadounidenses, calificando a los mexicanos como criminales y narcotraficantes, razón por
    la cual justificaba deportarlos sin piedad y completar el muro a lo largo de la frontera de México
    y los EUA, con cargo a los mexicanos.
    Otra de sus importantes promesas consistió en acabar con el Obamacare, el programa de salud
    que puso en marcha el anterior mandatario para proteger a 20 millones de personas, entre
    ellos 4 millones de hispanos, que podrían perder su seguro médico.
    Con lo que Trump no contaba era con sufrir costosas derrotas políticas al detener por los
    propios congresistas republicanos en el Congreso los fondos para la construcción del muro, así
    como la suspensión por tribunales federales del veto migratorio que impuso mediante orden
    ejecutiva a ciudadanos de 7 países musulmanes, para ingresar a los EUA.
    Pero la derrota más humillante y dolorosa para el ego de Trump, fue el no haber cumplido con
    su amenaza de eliminar el Obamacare: "Hablé con el presidente hace poco y le dije que… lo
    mejor era retirar este proyecto de ley", dijo el presidente de la Cámara de Representantes, Paul
    Ryan, en una conferencia de prensa. "No tenemos los votos suficientes para sustituir esta ley.
    De forma que sí, tendremos que vivir con Obamacare por ahora", expresó. Luego, el propio
    Trump dijo que el suyo "en general era un buen proyecto de ley" y lamentó que no pudo ser
    discutido, aunque señaló que "estuvimos muy cerca".
    A todo lo anterior habrá que agregar la pobre aceptación del Mandatario entre la población
    estadounidense: a principios de marzo, sólo el 43 por ciento le otorgó una calificación positiva a
    su gestión, la más baja que presidente alguno haya tenido al inicio de su mandato.
    Expertos y analistas destacan que todas estas pueden ser las razones por las cuales Trump se
    decidió a desencadenar conflictos bélicos, como en Siria, mediante el bombardeo unilateral a
    una base militar aérea siria de donde supuestamente salieron los aviones responsables de
    arrojar gas sarín a población civil -- considerado un crimen de guerra--, violando su soberanía al
    margen del Consejo de Seguridad de la ONU, adelantándose a una investigación internacional
    imparcial.
    Enseguida, mostró músculo al hacer la presentación mundial en Afganistán contra miembros
    del Estado Islámico, de la temible “Madre de todas las Bombas” (MOAB, por sus siglas en
    inglés), la bomba no nuclear más poderosa conocida hasta hoy (que debería estar entre las
    armas prohibidas por la comunidad internacional).
    Ante las pruebas nucleares desarrolladas por Corea del Norte en el Mar de Japón, Trump le
    corrió una real amenaza de intervención al enviar una flota naval encabezada por el poderoso
    portaaviones USS Carl Vinson. La respuesta norcoreana dejó a todos con los pelos de punta.
    Mientras Rusia se encuentra ocupada defendiendo sus posiciones estratégicas en Siria ante la
    amenaza de los EUA y la OTAN, y China prefiere llevar la fiesta en paz con Trump para proteger
    sus exportaciones a los EUA, en vez de defender a Corea del Norte, su patio trasero, Donald
    Trump puede desatar una guerra de grandes proporciones.
    Ya lo dijo Noam Chomsky: “la elección de Trump amenaza la supervivencia humana… el mundo
    se enfrenta a los momentos más difíciles de la historia, como son una guerra nuclear y una
    catástrofe medioambiental”.
    Ojalá el pueblo norteamericano entienda pronto que el verdadero enemigo está en casa.
    *Director de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste

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