NUESTRA FINCA QUE MIRABA SOBRE EL RIO. PARTE XIX




  • Las clases de dibujo las impartía de lunes a viernes de las trece y media a las dieciséis horas, en el nuevo edificio de la Escuela de Periodismo. Era un lapso de tiempo en que las instalaciones del plantel los futuros comunicadores no las utilizaban., por lo que el maestro Luciano se lo notificó a su director, el maestro Ramón Felipe. No hubo inconveniente, pero le sugirió que ese proyecto lo hiciera también del conocimiento del rector de la Universidad, quien una vez enterado, no se opuso, sino que prometió que en cuanto las estrecheces con las que operaba la Universidad fueran menores, quizá podría apoyar el proyecto para que surgiera una escuela de artes de la Universidad. El maestro Luciano no necesitaba de ese tipo de utopías, sino que se conformaba con un espacio donde trabajar  con aquellos menores de calle, hijos de los jornaleros de los campos, algunos que no entraban a las aulas de la escuela primaria hasta las tres de la tarde y otros asistían al turno matutino y el resto del día vagaban en las calles de la comunidad o pululaban en la plaza. El maestro Luciano anduvo pepenándolos aquí y allá, invitándolos a que acudieran a aprender dibujo. Algunos chicos asistieron apenas la primera semana, pero los más, alrededor de veinte muchachos en muy pocos días se contagiaron por el gusto por dibujar.
    El director y otros maestros de la Escuela Primaria fueron a conocer al creador de ese proyecto y le hicieron saber el cambio registrado en esos alumnos de la naciente escuela de Dibujo. El rendimiento de los menores en la Primaria se dobló y también mejoraron su disciplina. Ahora los chicos atendían sus tareas, como sus lecturas y el cuidado de sus cuadernos y escritos. Sin embargo, en esa entrevista el  maestro Luciano aclaró que no buscaba consecuencias sino simplemente concebir un sistema de enseñanza del dibujo que ofreciera alguna seguridad de aprendizaje del mismo. No podía augurar nada. La mejora en logros escolares sería efecto colateral, pero no era lo que buscaba, sino que los chicos aprendieran a dibujar y comenzaran a desarrollar un sentimiento estético, sin importar cuan pequeño fuera. ¿Acaso no es de una diminuta semilla que nace y crece la planta de guayabo o la enramada de la parra?
    A consecuencia de estas nuevas tareas, el maestro Luciano careció de tiempo para el intercambio de ideas con el resto de docentes de la Universidad, y los que más lo apreciaban, pronto supieron que entre una y cuatro de la tarde él se encontraba con sus alumnos de dibujo, hasta donde acudían a sostener algunas charlas, mientras los chicos realizaban los primeros esbozos de unas figuras arqueológicas que estaba adquiriendo a otro chico que se presentaba cada tantos días para ofrecerle algunos tipos de puntas de piedra, algunas toscas y otras bien pulidas, lo mismo que pequeñas vasijas de barro. En un principio, el maestro Luciano le compró las piezas con la intención de acercar al muchachito y convencerlo de que se inscribiera en la escuela de Dibujo, sin poder convencerlo. Luego siguió adquiriéndole aquellas piezas arqueológicas, que al decir de quien se las surtía, había más en los sitios de unas cuevas no muy alejadas de la Comunidad, considerando el beneficio que podría sacar de ellas. El muchacho le había comentado que en el sitio había piedras grandes con algunos grabados, cuyos signos desconocían para poder descifrarlos o leerlos.
    ¿Será posible que aquí haya sido asiento de una cultura superior en el pasado y su  estudio sistemático esté por realizarse? El maestro Luciano siempre se había lamentado haber carecido de una verdadera oportunidad para realizar un trabajo de investigación original, que pudiera trascender.
    ------ ¿Será posible que el destino me haya venido a poner donde tanto añoré, para encontrar una veta de investigación que llené el resto de mi vida?
    Estas preguntas lo desvelaban por noches enteras, sin atrever a comentárselo a Ramón Felipe, quien por ahora se dedicaba más a la política de la academia y a la toma del poder en la organización. Al profesor Luciano le parecía que Ramón Felipe traía algo entre manos que tampoco se lo confesaba, quizá para  no exponerlo. Lo había jalado para que lo apoyara en la Escuela de Periodismo, no tanto para mejorarla, como para dejarle el paquete en las manos y él poder grillar más a sus anchas, mediante continuos viajes a Culiacán, acercándose a los pasillos de la Cámara de Diputados y en el mismo palacio de Gobierno del Estado. Y esto el maestro Luciano no se lo reprochaba, puesto que estaba agradecido de  que hubiera pensado en él y metido a trabajar en la Universidad. Ahora los estudiantes de Periodismo eran mejor atendidos como nunca antes gracias a la entrada del maestro Luciano y parecía que en él era quien habían puesto sus esperanzas de alcanzar una mejor formación. Ramón Felipe se limitaba a aprobar todo y a no estorbarles, además que desde siempre lo habían visto como el dedo chiquito del rector, pues, a diferencia de los otros docentes, que habían llegado a la Universidad buscando un sitio donde trabajar, a Ramón Felipe el rector  lo había sacado de un pasado compartido en otro sitio muy remoto que los estudiantes aun no tenían los medios para conocer.
    Una tarde, alrededor de las dieciséis horas, cuando los chicos estudiantes de dibujo estaban a punto de salir, se presentó intempestivamente el arqueólogo, ya que el maestro Luciano había faltado a dos o tres citas en Los Mochis, donde se reunían en una cafetería a conversar sobre el pasado y el futuro de la Universidad. Se dispuso a platicar, pero antes el maestro Luciano guardó aquellas figuras, puntas, hachas y vasijas en una vitrina, donde las protegía del polvo, próxima a su  escritorio. Sobre éste tenía los tres o cuatro mejores dibujos que habían logrado los niños sobre las vasijas de barro, los que mostró muy satisfecho al arqueólogo.
    ---- ¿Quién le está haciendo llegar estas piezas?
    ---- Qué bueno que vino para que me las valore, usted que conoce sobre esto. Esta como pequeña hacha y este otro pedernal, como punta de flecha. ¿Para qué períodos le gusta que hayan pertenecido? ¿El paleolítico?
    ------ No. Al menos la punta de hacha es piedra pulida. Pero, ¿Usted por qué está adquiriendo estas piezas? ¿Con qué propósito? Ya ha reunido una colección y si sigue adquiriendo más, pues necesitará una vitrina mayor en poco tiempo. Aquí es una zona arqueológica riquísima, pero no creo que usted, como maestro, haya venido aquí a coleccionar piezas arqueológicas. Entiendo que ha venido a preparar futuros periodistas.
    ------ Y si en lo personal tengo gusto por estas piezas, ya que tienen un valor cultural y artístico y me seducen por esto, ¿cuál es el problema?
    ----- Que el rector  no aprueba estas actividades, es decir, no le parece el comercio con piezas arqueológicas. Por mi parte, nada le comentaré, pero si llega a enterarse, y se puede enterar por otros medios, quedará con usted en muy malos términos. Mire, aquí hay mucha gente que está dilapidando los bienes culturales que nos dejaron las culturas que aquí se asentaron en la antigüedad. El rector dice que si gente ajena a la Universidad quiere  hacer eso, adelante, pero la Universidad está comprometida con capacitar a las etnias locales para que puedan vivir de un trabajo calificado. A los maestros que venimos de fuera nos tiene prohibido que adquiramos ese tipo de piezas, ya que su idea es que el indígena se valore mediante la educación, ya que el precio irrisorio que les pagan los turistas por estas piezas apenas si les alcanza para alimentarse un día.
    El maestro Luciano, después de esta advertencia, sentía sus piernas y pies completamente fríos.  Al fin pudo pronunciar palabras.
    ---- ¿Y ahora qué hago con este material?
    ---- Pues sácalo de aquí. Llévalo a tu casa y protégelo.  No lo exhibas.
    ----- ¿Y si se las regalo a Ramón Felipe? Ya ves que a él le consciente tantas cosas.
    ----- No lo creas, entre ellos ya no andan tan bien las relaciones. Pero eso es harina de otro costal. Es mejor que guardes estas piezas y que no le comentes absolutamente a nadie que cuentas con ellas. A, por mi parte  ¡capítulo cerrado!
    ----- ¿Tan grave es el asunto?
    ----- ¡Tanto! ----- le aseguró el arqueólogo.
    ------ Pues en este mismo momento las trasladaré a mi casa. ¿Me ayudas?
    ------ Te ayudo a llevarlas, para que no tengas que hacer dos viajes.
    Entre ambos las envolvieron en unas hojas de papel periódico que había a mano y las metieron en bolsas de plástico. El maestro Luciano movía las manos con la respiración suspendida y a la vez agradecido con el arqueólogo por la visita y aquella advertencia que lo dejó frío.
    Salían y en la pura puerta del edificio se encontraron con el director de la Escuela de Ingeniería Forestal, quien traía abrazada con una chica. Los saludó ceremoniosamente y al llamarle la atención las sendas bolsas que llevaban, les preguntó:
    ----- ¿Dónde compraron tamales?
    ----- Por aquí pasó vendiendo una señora --- contestó el arqueólogo.
    ----- A ver, permítanme olerlos y ver qué tan bonitos están.
    ----- ¡Los tamales siempre son bonitos y huelen bien! ---- le dijo el arqueólogo y ambos soltaron la risa. El maestro Luciano no se había relajado aún.
    Al siguiente día que en la Escuela de Periodismo se disponían los maestros  y estudiantes a iniciar las labores ---Ramón Felipe, el Director, ofrecería unas tutorías y el maestro Luciano iniciaría un nuevo taller sobre géneros periodísticos ---- se sorprendieron con un estado de cosas al que no podían dar crédito: por la noche o en la madrugada, habían violado las hojas de una pequeña ventana que por su altura hacía las veces de tragaluz y arrojándose dentro, provocando destrozos aparentemente sin ningún fin determinado, ya que no habían cargado con nada. La vitrina en donde estuvieron hasta el día anterior las piezas arqueológicas de la incipiente colección era la que registró más daños. Para que el asunto no pasara a mayores ni se hiciera escándalo, el maestro Luciano minimizo el incidente y junto con los estudiantes procuró poner las cosas en su lugar, con el pretexto de que no había tiempo que perder.
    ---- ¿No podía salir de aquí una nota policiaca? ----- preguntó la chica rubia, quien raramente entregaba un trabajo a tiempo y ya entonces el maestro Luciano la veía como una probable desertora a medida que iba acumulando más materias en débito.
    ------ Si ---- le dijo el maestro ----- Intenta redactar una buena nota y vamos a revisártela. ¡Échale ganas!
    Cerca de mediodía, cuando los muchachos de Periodismo salieron a comer y el maestro Luciano esperaba a los pequeños de la Escuela de Dibujo, asomó la cabeza el niño de aproximadamente once años que le traía las piezas a vender. Hizo como que no se percataba de su presencia, por lo que él pequeño avanzó sobre la sala recibidora y casi entró al cubículo del maestro.
    ----- Hola  --- lo saludó. ----- ¿Qué te trae por aquí?
    ----- Oiga ---- le dijo el pequeño ---- ¿Dónde puso las piezas que tenía en esa vitrina?
    ------ Anoche se metieron a robar y se las llevaron todas ---- le aseguró el maestro. ¿Qué tienes ahora?
    ------ Ahora ninguna, pero vengo a decirle que acabamos de descubrir en una de las cuevas de los cerros de aquí atrás unas como pinturas en una de las paredes, casi pegando al techo.
    ---- ¿De veras? ¿Quién más sabe de eso?
    ---- Nadie. Ni nosotros las habíamos visto, pues antes había muchos murciélagos y no podíamos entrar tan hondo.
    ----- ¿Y ahora ya no hay esos animales?
    ----- Se han ido para otra parte. Dicen que es por los fertilizantes tan fuertes que arrojan los aviones que fumigan las siembras.
    ----- ¿A quién más les comentaste esto?
    ----- A nadie. Si usted quisiera ir, yo lo llevo. Se lleva una lámpara de mano para que las puede ver mejor.
     ----- ¿Ustedes cómo fue que las vieron?
    ----- A mediodía hay claridad y como se oye un ruido como agua que gotea, avanzamos todo lo que podíamos, hasta que notamos algo colorido sobre las piedras. Llevábamos con nosotros un encendedor y por eso pudimos ver.
    ----- ¿Y qué se ve en las pinturas?
    ----- Como un pequeño lago, un laguna más bien, rodeada de ramas largas, varejones como carrizos y encima volando aves como patos…. Es lo que nos pareció, pues no duramos mucho adentro.
    ----- ¿Cuándo me puedes llevar allá? Te pagaré.
     ---- Cuando usted quiera.
    ---- Tiene que ser un sábado o un domingo. Yo te voy a pagar.
    El pequeño se quedó serio.
    ---- ¿Cuánto me cobrarías por llevarme?
    ---- Pues con lo que usted quiera ayudarme.
    ---- Mira, te voy a pagar muy bien. Ahora te daré cincuenta pesos, siempre y cuando pueda contar contigo aquí en el taller de dibujo. Podrías venir como alumno. No me vas a traer más piezas de las que me trajiste, por ahora. Si me prometes que asistirás al taller junto con los otros niños, yo te voy a ayudar bien. ¿Qué tanto hace que te saliste de la escuela
    ------- Iba en tercero y pasé a cuarto, pero como en las vacaciones mi mamá se enfermó, no pude volver a inscribirme. Ahora ya fuera en sexto año, estaría a punto de salir de la Primaria.
    ---- Bueno, hacemos trato si asistes al taller de Dibujo y después voy hablar con el director de la Primaria para que se vea tu caso. ¿Qué te parece?
    ---- Y a ver las pinturas de la cueva ¿Cuándo iría?
    ---- Te avisaré con tiempo. Te pago adelantado por que me lleves y también porque no le digas a nadie más de ese descubrimiento.
    Enseguida el maestro Luciano sacó la cartera, tomó un billete de cincuenta pesos y le dijo:
    ---- Si no cumples viniendo al taller de dibujo, le preguntaré a los otros niños  dónde vives y te localizaré para que me devuelvas los cincuenta pesos.
    Desde esa tarde el chico se quedó como miembro del taller de Dibujo con regular aprovechamiento. Pasadas unas semanas se puso al parejo de los otros y lo que mayor satisfacción le causó al maestro Luciano, fue que el chico empezó a relacionarse con una de las muchachitas, y como a esa edad no se puede ser hipócrita, no disimulaba que ella era su favorita.
     
    Continuará…

  • Opiniones sobre esta nota