LO QUE NO SE DEBE CALLAR. PERORATA DE UN DESPEDIDO




  • Eh, buey, tomé el laudo laboral dictado a mi favor por el Tribunal del Trabajo contra el Congreso del Estado de esta noble entidad federativa y salí de la casa como alma perdida que se la lleva el diablo, buey, a causa de las agresiones de tanto jodido acreedor que mes tras mes los tengo puntualitos, con citatorios que invocan artículos de no sé qué códigos, intimidándome con ultimátum que turnarán a despachos jurídicos de cobranzas, para que me jalen a oscuros y truculentos juzgados, o incluso  si no me pusiera al corriente de las cuentas, amenazándome con prisión por algunos años.
    El dichoso laudo, buey,  dictado por el aludido Tribunal desde principios del año pasado, buey, dice que el Congreso ha de reinstalarme en mi puesto y pagarme nada despreciable cantidad de salarios caídos, puesto que el despido ordenado por Gustavo Sánchez siendo el mero chipotles de la Junta de Coordinación Política del H. Congreso, fue una injusticia de las más viles que puedan cometerse por un sujeto que se le ha hecho costumbre hablar por el bien común,  a condición de ser él quien determine en qué consiste el bien común, quitando el trabajo a una persona con credenciales y estudios para el puesto, nomás para acomodar advenedizos amigos cuya falta de desempeño estuvo a punto de provocar la clausura de la H. Biblioteca Terán, pero como la citada soberanía, muy celosa del Estado de Derecho, acudió a pedir amparo ante la justicia federal, negándosele en esta instancia la protección, aquí tienes, buey, que hasta hoy, ni así un servidor ha podido recibir beneficio alguno del citado laudo.
     
    Guacha buey, el caso es que mientras son peras o son manzanas, la vida sigue su inexorable curso, y como vivir cuesta y amar duele, pues ahí me tienes, buey, que me la voy llevando con incumplidas promesas a la ruca que sacrifica su vida junto a la mía, para que no me abandone como hizo la anterior, buey, y no sólo ella está irritada y enfadada por los tres años y medio que ya duró el litigio, sino que los acreedores andan bravos, buey, como echando espuma por la boca, están hartos de que nunca me encuentran en el cantón, buey. Particulares como mueblerías, joyerías y demás que podemos catalogar como  iniciativa privada, o fuerzas vivas de este otrora pujante país, al ver el tremendo laudo que promete favorecerme si los correteados diputados le dan cabal cumplimiento, se interesaron sobremanera en seguir teniéndome como cliente, no diamante, claro está, pero me dijeron que la agresiva actitud de sus cobradores ha sido por una lamentable equivocación que no volverá a suceder, seguramente porque mi relación con los H. legisladores vigentes, pesará algo en metálico, según el documento que les mostré y que provocó en sus ojos un brillo que antes se daba en denominar codicia, los muy malditos.
    En cambio, buey, los empleados municipales bajo la férula de Gustavo Sánchez, buey, que me están exigiendo pague los prediales atrasados, y los empleados de Quico Vega, buey, que cubra licencia de manejar y tarjetas de circulación,  a todas luces no le dan demasiado crédito al laudo como garantía de pago en un futuro no demasiado lejano. Espero, buey, que esto no sea un indicio de que se protegerán por algún intrincado e inesperado recurso legaloide.  ¿Será posible que este ente misterioso, buey, denominado gobierno, ya no se crea ni el mismo?  Confieso que al iniciarse el litigio igual de incrédulo estaba yo, pues me  preguntaba cómo voy a demandar un derecho humano, como es el derecho al trabajo que me lo violó el Poder Legislativo si ante quien voy  recurrir es otra instancia, la H. Junta del Trabajo, del mismo gobierno, que en resumidas cuentas a los dos les paga el  Ejecutivo. En otras palabras, el mismo que les paga a los diputados, que me quitaron el trabajo, es el mismo que les paga a los empleados ante quien demandé a los diputados correlones. Por eso los artistas dijeron, buey, en su momento, que como este país no había otro más surrealista.
    Aun así, buey, jugándome el todo por el todo, me aventé a reclamar el derecho violado e ingenuos  como somos,  allí estamos ruca, prole y yo sufriendo mortificaciones por caer en esa ilusión, de que en este país las cosas pudieran funcionar como nos promete en las páginas de los periódicos el mismo Gobierno todos los días, como si les pagara por decirnos mentiras.
    A última hora, buey, mi testa la ocupan estas mortificaciones, porque hay entes, sujetos jurídicos, o viles colegas burócratas para que se entienda, que no les parece del todo bien que un servidor ande exhibiendo el multicitado laudo sin  ejecutarse, menos que lo muestre a mis otrora irritados acreedores como garantía de pago futuro. Les urge que consiga pachocha para que les lleve mi tributo, entiéndase predial, licencias y las tarjetas de circulación de dos ranflas, varadas en el patio del cantón por falta de mantenimiento, buey, pero a su vez les parece muy normalito que un sujeto trabajador tenga que esperar años para que la reparación del derecho violado se concretice en moneda.
    Un licenciado muy chido, buey, que siempre que lo topo busca cotorreo, me pregunta no tanto por mi asunto legal, sino cómo está mi cabecita, dice que debo estar alerta porque la justicia lenta y tardada en Baja California afecta al coco de maneras muy graves. Es muy común que se presentan desdoblamientos de la personalidad, deseos de escapar por la puerta falsa de esta mísera vida, incluso algunos infelices, que antes creyeron en la impartición de justicia, cuando tienen la sensación que nada se puede hacer ante el MURO de la indolencia y lentitud de tribunales, han tomado un galón de gasolina, bañándose y prendido fuego en pleno Centro Cívico y de Gobierno, ofreciendo un espectáculo horrendo.
    ¡Ay, buey! Le digo,  no me asuste así, mi lic.  Prefiero esperar una eternidad antes que hacer eso.
    ¨?Tú no has sentido nada extraño?, me pregunta, atento a mi respuesta.
    Le comento al lic que muchas veces me sorprendo pensando ya no ser el mismo, pues sin saber cómo empiezo hablando como cholo y me da por imaginar que los altos estudios que recibí en el Instituto de la Judicatura Federal de la Suprema Corte de Justicia para atender una biblioteca jurídica, no sirven ya para nada ante diputados que ignoran hasta cuantos artículos tiene nuestra Carta Magna. Será porque hablando como cholo el público te pone más atención que hablando como  caballero. Y como no quiero dar más explicaciones, lic, por allí nos guachamos.
     
    Y nos guacharemos en la marcha y manifestación del domingo 5 de febrero. Cita en el Caballito o monumento a Vicente Guerrero, en punto de las 12 horas de mediodía, para marchar sobre el Centro Cívico y de Gobierno.  ¡Abajo los gasolinazos! Tu presencia importa mucho y la mía también.
    El autor ha sido periodista, sociólogo y escritor de origen guasavense arraigado ahora a tierras cachanillas.


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